El mayor mérito de la película es poder capturar el carisma de este prohombre y, con ello, sostener la narración de principio a fin. En esta tarea, el trabajo del actor Javier Cámara fue fundamental.
Toda una minuciosa recreación de la época que no solo es parte del decorado, sino que está pensada para construir un universo orgánico, lleno de nostalgia y connotaciones históricas y sociales.
Esta es la película de un sádico, y tal vez hay que decirlo por doble partida, por el protagonista de la historia y por el director del filme. Juntos hacen una película violenta y casi obscena, por un lado, pero reflexiva, inteligente y atractiva, por el otro.
Hace mucho tiempo que Scott dejó de hacer películas que se interesaran en algo más que la taquilla, por eso en esta producción prima la intriga del secuestro, el circo mediático y el drama de la madre.
Un estudio antropológico y también histórico, una denuncia sin panfletarismos que hoy es más actual que nunca, y un afinado modelo de cómo podría ser idealmente el realismo cinematográfico.
Es un filme que se disfruta menos en un plano general, pero resulta más atractivo y revelador cuando se observan elementos particulares o más de cerca: un personaje, una situación, una línea de diálogo o un referente al contexto cultural.
Esta película logra transmitir esa sensación de pérdida y tristeza, no solo de esta mujer en particular, sino de toda una comunidad, y lo hace con una singular mezcla de fuerza dramática y una sutil poética visual.
El universo Almodóvar se vuelve cada vez más complejo en el aspecto emocional y disperso en su narrativa y estructura dramática. Han quedado atrás aquellas historias con una sólida construcción, atractivas en su presentación y contundentes en su mensaje.
Un intenso drama que no da respiro y que a veces alcanza extremos de ser forzado en su intento por provocar emociones, lo que ocasionalmente la hace caer en el llamado 'mercado de lágrimas'.
Se trata de un filme sensible y demoledor al mismo tiempo. Una fábula dulce y amarga sobre la infancia, contada con un equilibrado sentido de las proporciones.
La forma en que se construye la historia y los personajes, junto con el enfoque en la amistad y las expectativas de estos jóvenes ante la vida, convierte a esta película en una propuesta única y repleta de virtudes.
Termina anegándose en un conflicto emocional del protagonista que carece de peso y profundidad. Solo se percibe como una película indecisa, atrapada entre su búsqueda de trascendencia y la inclusión forzada de algunas secuencias de acción.
Este arsenal visual, la descarga sonora por vía del protagonismo del rock y la salsa, así como el ímpetu del personaje y la fuerza de los textos, hacen de este filme una experiencia para aprovechar, no para hacerle reclamos por lo que pudo ser.
Se trata también de una perfecta combinación entre toda la acción y visualidad propias de estos géneros cinematográficos y la capacidad de la ciencia ficción de poner en juego reflexivos y hondos temas a partir de las tramas y universos que crea.
Sostenida en un sobresaliente trabajo con actores naturales, esta película da una pincelada más a ese gran fresco que el cine de directores paisas han estado haciendo sobre Medellín, un gran relato que coincide en sus elementos esenciales.
Un relato expuesto con la claridad y lucidez de un cineasta que hace del cine político su sello distintivo, con la virtud adicional de que es un cine que no solo plantea y desarrolla unos temas de peso, sino que lo hace con la destreza narrativa de un buen contador de historias.
Todo esto está estructurado de forma precisa y eficaz, pero no por ello se debe pasar por alto lo manipuladora y efectista que está concebida la puesta en escena y su narración.
Un relato que le exige al espectador tanto en su cinefilia como en su espiritualidad. Es una película de un cineasta inteligente y profundo, que disfruta plantear preguntas sobre temas esenciales y ofrecer posibles respuestas a través de su obra.