La forma en que se construye la historia y los personajes, junto con el enfoque en la amistad y las expectativas de estos jóvenes ante la vida, convierte a esta película en una propuesta única y repleta de virtudes.
Termina anegándose en un conflicto emocional del protagonista que carece de peso y profundidad. Solo se percibe como una película indecisa, atrapada entre su búsqueda de trascendencia y la inclusión forzada de algunas secuencias de acción.
Este arsenal visual, la descarga sonora por vía del protagonismo del rock y la salsa, así como el ímpetu del personaje y la fuerza de los textos, hacen de este filme una experiencia para aprovechar, no para hacerle reclamos por lo que pudo ser.
Se trata también de una perfecta combinación entre toda la acción y visualidad propias de estos géneros cinematográficos y la capacidad de la ciencia ficción de poner en juego reflexivos y hondos temas a partir de las tramas y universos que crea.
Aunque es una historia que simplifica su tema y contexto histórico, resulta fascinante y de gran poder cinemático lo que hace con su relato, el cual es planteado en tres tiempos narrados de forma diferencial.
Sostenida en un sobresaliente trabajo con actores naturales, esta película da una pincelada más a ese gran fresco que el cine de directores paisas han estado haciendo sobre Medellín, un gran relato que coincide en sus elementos esenciales.
Un relato expuesto con la claridad y lucidez de un cineasta que hace del cine político su sello distintivo, con la virtud adicional de que es un cine que no solo plantea y desarrolla unos temas de peso, sino que lo hace con la destreza narrativa de un buen contador de historias.
Todo esto está estructurado de forma precisa y eficaz, pero no por ello se debe pasar por alto lo manipuladora y efectista que está concebida la puesta en escena y su narración.
Un relato que le exige al espectador tanto en su cinefilia como en su espiritualidad. Es una película de un cineasta inteligente y profundo, que disfruta plantear preguntas sobre temas esenciales y ofrecer posibles respuestas a través de su obra.
Se trata de una entretenida historia llena de momentos divertidos, pero también muy emotivos y, sobretodo, capaz de hablar con honestidad sobre la complejidad de los sentimientos y las relaciones humanas.
Biografía cinematográfica que, además de dar cuenta de la vida Kenney, le interesa reconstruir ese espíritu de irreverencia y transgresión que solo fue posible justo en esta coyuntura histórica y cultural.
Un bello ejercicio de hacer que el cine se parezca al viejo cine, el de celuloide. Una película que transporta a otro tiempo y a la piel misma de un hombre que inspiró toda una saga cinematográfica, y ahora inspira una nueva película que le dibuja sus facciones de cerca.
Eastwood (y el mismo Bradley Cooper con su interpretación) es capaz de darle la vulnerabilidad y humanidad que contrasta con ese guerrero protector que se puede ver en Irak. Es entonces cuando se evidencia que no es otra película bélica ni una apología a la guerra o a la violencia.
Un par de hermanos ladrones de bancos en un thriller cargado de resentimiento social y furia, mientras su contraparte, un viejo policía, los busca con calma y lucidez.
La marca fundamental de este relato, en lo que hace la mencionada diferencia, es que, a pesar de los eventuales sucesos de intensidad o giros dramáticos, casi siempre se mantiene sin sobresaltos ni efectismos dramatúrgicos.