Los personajes y las actrices son el gancho de la película, y de un modo natural y emocionante hasta refrescan algunos aspectos supuestamente metafóricos como pájaros, mar todo ello ya algo desnortado.
Musical, emocional y dramáticamente puede resultar efectista y reiterativa en su tratamiento del drama, aunque también está abordada de una manera que refuerza la sensación de autenticidad.
La película carece de sustancia y se convierte en una interminable "road movie", plagada de escenas de euforia y juerga juvenil, ya sea en un autobús, en la carretera o en una explanada.
La hostilidad del paisaje, junto a las desconfianzas que la adolescencia obliga a combatir, son la argamasa emocional que sostiene el edificio fílmico.
Sorprendente ejercicio espiritual que realiza Brüggemann con esta película, de estructura rígida y contenido tan maleable que cualquier espectador, ya sea religioso, laico o de una posición intermedia, podría asimilarla cómodamente.
Un dramón cocido en la esencia de un retrato social deprimente, que destaca la belleza de Bárbara Lennie. Dado que la película no explora más allá de este enfoque, no tiene sentido buscar otras perspectivas.
Es una película dirigida a adolescentes, pero carece de profundidad. Mezcla situaciones melodramáticas que suavizan aún más una trama ya de por sí débil.
Probablemente nunca se ha hecho una película que refleje con tanta física y química el amor y lo otro entre dos mujeres, y puede que valga la frase terminada entre dos personas.
La música de '15 años y un día' es la adecuada, al igual que su atmósfera cargada de tristeza. Sin embargo, en ciertos momentos, algunos diálogos y giros de la trama resultan forzados.