De 'Moonrise Kingdom' poco se puede añadir si uno ha visto las anteriores películas de su director, pues Wes Anderson es tan fiel a sí mismo como un virus.
El único problema de la película no es entenderla, sino soportarla, porque ese hastío por la vida vacía se transmite con enorme eficacia al espectador. Un desenlace en el que el acid, el house y todo lo demás ya han hecho pleno efecto en sus creadores.
Ciudadano Zuckerberg presenta una magistral estructura narrativa que no solo enlaza diferentes periodos temporales, sino también diversas perspectivas y cuestiones morales.
La descripción de ambientes y situaciones es lo suficientemente pesimista para que la trama sea efectiva; la violencia, tanto física como moral, se presenta de tal manera que logra mantener al espectador involucrado.
Se queda un poco sosita en su contenido. Hay momentos de buen cine, pero el director parece demasiado preocupado por imitar a Gus Van Sant, persiguiendo con la cámara al protagonista.
A pesar de que la película ata su discurso con cordel grueso, mantiene un tono digno y respetable, logrando que los fondos y las figuras se impregnen de verosimilitud mutuamente.
Muy en el estilo dramático de Ken Loach, la película resulta fría tanto en lo visual como en lo afectivo, destacando el trabajo de la debutante y magistral Katie Jarvis.
Todo es leve y sencillo, pero su paso cambiado lo presenta complejo y pretencioso. Recha vuelve a explorar esa vieja idea de la oceanografía del tedio.
Los dos actores jóvenes construyen de manera excepcional a sus robustos personajes, destacando especialmente la forma en que Gómez Pereira los va revelando.
El material narrativo de la historia proviene de una novela, pero es el estilo distintivo de Van Sant el que lo enturbia con su exceso. No obstante, 'funciona' en su enfoque minimalista.
A pesar de lo que el espectador sabe o sospecha, la película ofrece enormes dosis de intriga y de inquietud por la pericia de la cámara y por la buena interpretación de sus actores.
Modélico ejercicio de cómo se puede domesticar un bronco drama y que, sin perder ni un solo gramo de su desalentador contenido, conserve entero toda su emoción, luminosidad, vitalidad y entusiasmo.
Puede considerarse una película 'blanda', pero es un cálculo erróneo que confunde lo de dentro con lo de fuera: una historia dura, turbia y estremecedora envuelta en gasa, seda y sosiego.
Tres materiales muy potentes: la electricidad y sugestión de la imagen, una narrativa organizada no tanto por la línea temporal como por flujo emocional y una interpretación durísima de su protagonista.
No hubiera sido un buen melodrama, pero sí es una divertida y cercana comedia, gracias, además de a la chispa entre guionista y directora, al especial talento de sus actrices.