Un dramón cocido en la esencia de un retrato social deprimente, que destaca la belleza de Bárbara Lennie. Dado que la película no explora más allá de este enfoque, no tiene sentido buscar otras perspectivas.
Es una película dirigida a adolescentes, pero carece de profundidad. Mezcla situaciones melodramáticas que suavizan aún más una trama ya de por sí débil.
Probablemente nunca se ha hecho una película que refleje con tanta física y química el amor y lo otro entre dos mujeres, y puede que valga la frase terminada entre dos personas.
La música de '15 años y un día' es la adecuada, al igual que su atmósfera cargada de tristeza. Sin embargo, en ciertos momentos, algunos diálogos y giros de la trama resultan forzados.
De 'Moonrise Kingdom' poco se puede añadir si uno ha visto las anteriores películas de su director, pues Wes Anderson es tan fiel a sí mismo como un virus.
El único problema de la película no es entenderla, sino soportarla, porque ese hastío por la vida vacía se transmite con enorme eficacia al espectador. Un desenlace en el que el acid, el house y todo lo demás ya han hecho pleno efecto en sus creadores.
Ciudadano Zuckerberg presenta una magistral estructura narrativa que no solo enlaza diferentes periodos temporales, sino también diversas perspectivas y cuestiones morales.
La descripción de ambientes y situaciones es lo suficientemente pesimista para que la trama sea efectiva; la violencia, tanto física como moral, se presenta de tal manera que logra mantener al espectador involucrado.
Se queda un poco sosita en su contenido. Hay momentos de buen cine, pero el director parece demasiado preocupado por imitar a Gus Van Sant, persiguiendo con la cámara al protagonista.
A pesar de que la película ata su discurso con cordel grueso, mantiene un tono digno y respetable, logrando que los fondos y las figuras se impregnen de verosimilitud mutuamente.
Muy en el estilo dramático de Ken Loach, la película resulta fría tanto en lo visual como en lo afectivo, destacando el trabajo de la debutante y magistral Katie Jarvis.
Todo es leve y sencillo, pero su paso cambiado lo presenta complejo y pretencioso. Recha vuelve a explorar esa vieja idea de la oceanografía del tedio.