El debut de Manolo Vázquez en la dirección presenta una notable dosis de ironía, aunque no queda del todo claro su blanco. Sin embargo, logra transmitir un ambiente cómico que rodea el universo del "arte" y la "cultura".
Rarísima y descompensada, la película no logra equilibrar adecuadamente el blanco y negro con el color. El último tercio es realmente deficiente, y resulta difícil recordar que el inicio fue realmente prometedor.
La película ofrece un poderoso enfoque sobre las dinámicas entre padres e hijos y parejas. Sin embargo, su profunda introspección se ve afectada por cierta dispersión en los tiempos narrativos, los tonos y los nombres de los personajes.
Historia aparatosa sobre los diversos modos de corrupción, el cine se presenta de una manera estática y inerte, a pesar de que los personajes ocultan una atroz turbulencia.
La ambientación, el ritmo y el sentimentalismo son perfectos para ofrecer una experiencia auténtica. Las interpretaciones de los actores están repletas de matices que aportan gran emoción a la historia.
La intriga resulta ridícula y los intentos de humor son lamentables. Ante la pantalla, solo se pueden observar personajes inconsistentes y situaciones confusas que no se logran entender.
Divertida comedia, en la que destaca la buena talla de actor de Javier Bardem, la picardía morbosilla de Aitana Sánchez-Gijón y una grande y magnífica hilera de secundarios.
El guion carece de claridad y las intenciones de Denis son confusas, oscilando entre un relato de espionaje y una historia romántica. Margaret Qualley MacDowell es el único atractivo en medio de esta ambigüedad.
Una planificación rabiosa responde a clichés del género y a lo que uno espera de ellos. Esto limita las sorpresas, pero genera una adrenalina beneficiosa para el cine que se refleja en su taquilla. Washington se mueve en su personaje con una naturalidad impresionante.
La película tiene dificultades para avanzar, lidiando con múltiples narradores, diferentes perspectivas y acciones paralelas. La combinación de elementos visuales como el estilo cómic y la pantalla dividida genera una sensación de claustrofobia, pero resulta confusa.
Salmerón presenta este documental, que se convierte en un vistazo revelador hacia su madre y su familia, fusionando una mezcla de extravagancia, humor sutil y un drama profundo.
Quizás carezca de la armonía de su anterior trabajo, pero lo que le falta en forma en «El pasado» lo compensa con una sencillez formal y una rica complejidad en la base del relato.
Una historia de construcción sencilla y con vapores 'mágicos' en su interior, que resulta sobrecogedora y emocionante en su simplicidad, mostrando un mundo tan particular como universal.
Lo más sorprendente de este drama en olla a presión es la capacidad de su director para mantener hasta el final el acento circunflejo en el suspense de su trama.
Es un drama enriquecido que sorprende con momentos de intensa tragedia. Las actuaciones son excepcionales y precisas, dejando una marca imborrable. Botey, un actor novato, brilla con fuerza y seguramente dejará una huella en la industria.
El director logra transformar una película estática en una «road movie» que avanza a gran velocidad. La actuación de Bárbara Lennie y Susi Sánchez es realmente notable y sobresaliente.