Azazel Jacobs es un cineasta con un don para mostrar el lado más abiertamente desesperado y espiritualmente desaliñado de la gente y hacer que te veas a ti mismo en ellos.
Es tan exagerada que resulta incluso insultante. En cuanto a si es divertida, a veces logra hacer reír, pero en otras ocasiones se vuelve realmente agotadora.
Una comedia de acción y espionaje que podría haber tenido menos falsa intriga y más risas. Es el tipo de película que, de manera bastante tópica, refleja lo que el público busca en la actualidad.
Sólo hay un momento divertido en ella, pero el director John Badman pone más energía en las sofisticadas secuencias de persecuciones de mascotas que en refinar la química cómica de sus estrellas.
Ofrece placeres superficiales. Es agradable pero poco imaginativa y tiene más entusiasmo que sorpresas. Da la sensación de que su destino temático está preprogramado.
El mago de Oz es una de las películas más extrañas, aterradoras y excéntricas jamás realizadas en Hollywood. A pesar de ser considerada una película para niños, su contenido es en realidad más adecuado para un público adulto, lo que la convierte en una obra inquietante e inolvidable.
Es a la vez macabra y pretenciosa. Es una chapuza con muchas ideas. Un juicio a través de las redes sociales es un buen tema, pero no cuando gasta tanto tiempo indignándose por la corrupción a la que señala.
Es una de las pocas películas que verdaderamente evoca al grindhouse de los 70, porque se preocupa por todo lo que hace. Su explotación está hecha con una sinceridad feroz.