Una deliciosa historia de amor narrada a través de la música y el poder de la imagen, en un espectacular blanco y negro. Magnífico ejercicio de estilo.
El guión es torpe, ya que en su primera mitad se asemeja a un mal videojuego. Sin embargo, logra mejorar en un clímax final bastante aceptable. Los niños disfrutarán de esta película.
Lejos de las grandes películas del género, esta es una obra destacable y entretenida, un poco más extensa de lo necesario, pero que desarrolla muy bien a sus personajes.
Se queda en una zona indefinida, intentando abordar contenido adulto al estilo de South Park, pero no logra profundizar, ya que se sumerge en lo vulgar. Aun así, es aceptable.
Los primeros veinte minutos están repletos de energía y la comedia funciona a la perfección, convirtiéndose a posteriori en una suerte de monster movie con elementos de aventura y secuencias de acción.
Recurre a todos los clichés para desarrollar su narrativa, tomando elementos de diversas fuentes que al final resultan en una obra sin sustancia. Es una película fría y desprovista de interés.
Es imposible no sentirse atraído por el hermoso y delicado imaginario de su autor. Una película de Shinkai, aunque no excepcional, siempre será algo que se puede y debe recomendar.
Seis años después de 'Spring Breakers', llega una película que logra adaptar su filosofía a la era digital de manera directa y sin ambigüedades. Es como un 'Black Mirror' de nuestro tiempo. La atmósfera es impresionante.
Como si Mamoru Oshii hubiera dirigido Picnic en 'Hanging Rock'. La película inicia como una historia convencional en una escuela para chicas, pero gradualmente se transforma en algo más intrigante. Es toda una sorpresa.
Una clara vuelta al cine de los años 70 y 80, tomando "Halloween" de John Carpenter como referencia. Hacía tiempo que no presenciábamos una película del género tan bien ejecutada y con una gran carga de inteligencia.
Goro Miyazaki ha evolucionado notablemente desde su primer largometraje, creando una película sencilla con líneas narrativas bien definidas y claras. Logra emocionar utilizando elementos básicos sin forzar artificialmente la trama.
Denuncia social y un tema delicado tratado con inocencia, como si Sang-woo no estuviese consciente de su relevancia o se sintiese incapaz de darle el rigor necesario. Esto provoca risas involuntarias.
No es tanto un drama social convencional, sino más bien una dramedia equilibrada, sin excesos ni fallos significativos. Es una película que cumple y se puede disfrutar.
Pone patas arriba las convenciones del cine independiente norteamericano sin aparente esfuerzo, destacando por su naturalidad al centrarse en tres personajes principales, que son ricos en matices y magníficamente interpretados.
Hecha en los márgenes, la película presenta una fisicidad en la imagen que evoca el estilo del mumblecore. Recuerda a obras de Lena Dunham, como Tiny Furniture. Aunque no tiene grandes fallos, tampoco ofrece aciertos memorables.
Es un film infantil estimable, con una animación bien realizada y algún momento de verdadero vuelo artístico. Sin ser una obra de arte, se pasa un rato agradable viéndola.