Goro Miyazaki ha evolucionado notablemente desde su primer largometraje, creando una película sencilla con líneas narrativas bien definidas y claras. Logra emocionar utilizando elementos básicos sin forzar artificialmente la trama.
La tesis del film es interesante, sin embargo, los directores no logran que su película despegue del todo, ya que fuerzan el lirismo a través de un uso excesivo de la música y la voz en off.
Denuncia social y un tema delicado tratado con inocencia, como si Sang-woo no estuviese consciente de su relevancia o se sintiese incapaz de darle el rigor necesario. Esto provoca risas involuntarias.
No es tanto un drama social convencional, sino más bien una dramedia equilibrada, sin excesos ni fallos significativos. Es una película que cumple y se puede disfrutar.
Es tan bueno que da pena que no se estrene en cines, un corto con un acabado visual precioso, pero que no os lleve a engaño: la historia que cuenta es cruda, arriesgada y valiente.
Un film agradable que aborda de manera sencilla pero efectiva temas interesantes. Ofrece moralejas y utiliza colores vivos para disfrutarlo durante su duración, aunque presenta algunas pinceladas de cursilería.
Una hermosa fábula de crecimiento y conocimiento, animada de forma excelsa, tierna y con corazón. Es el filme de animación japonés más entrañable de los últimos años.
Pone patas arriba las convenciones del cine independiente norteamericano sin aparente esfuerzo, destacando por su naturalidad al centrarse en tres personajes principales, que son ricos en matices y magníficamente interpretados.
Una película que nace muerta, en la que ni sus actores están bien ni la realización se encuentra a la altura. Una revisión de lujo de los Celebrities de Muchachada Nui.
Hecha en los márgenes, la película presenta una fisicidad en la imagen que evoca el estilo del mumblecore. Recuerda a obras de Lena Dunham, como Tiny Furniture. Aunque no tiene grandes fallos, tampoco ofrece aciertos memorables.
Es un film infantil estimable, con una animación bien realizada y algún momento de verdadero vuelo artístico. Sin ser una obra de arte, se pasa un rato agradable viéndola.
Una delicia, un milagro animado que nos hace volver a creer en la magia del cine y en las posibilidades de éste como medio expresivo (...) la mejor película de animación francesa desde 'El ilusionista' de Sylvain Chomet.
Recuerda, en cierta manera, a las producciones de Zhang Yimou que exploran "la otra China". Se trata de una película bien construida, aunque algo extensa, que logra recompensar la paciencia del espectador con varios instantes de gran calidad cinematográfica.