La película emplea de manera festiva el recurso de la memoria emotiva como eje central de una dramaturgia eficaz, resultando en una travesía narrativa que, aunque contiene sus tópicos y repeticiones, eleva el material que utiliza.
Una fábula sobre sueños aspiracionales que muestra retazos de comedia impredecible, lo que tiene su gracia. Pero también se aletarga y adocena con gran facilidad, lo que en este género es fatal.
Alguna audacia hay en su propuesta de esteta consumado y en su voluntad de que las escenas duren lo que tengan que durar y que los planos sean los que tienen que ser. Que el rigor cotidiano imponga su ley y que la acción, cuando llegue, resuelva.
Recurre a viejos trucos, a metáforas rancias y a discursos voluntaristas con fondo de Spinetta y Charly García. Todo diseñado para vencer, aunque sin convencer.
Drama intenso con humor para carcajearse y fino sentido de la observación, he acá una película que probablemente no se parezca a ninguna que el lector haya visto. Lo importante es que la vea.
Personajes con la conciencia narrativa como estos no son comunes. Aunque pueden resultar desconcertantes, al igual que otros recursos algo anticuados, la película sabe sacarles provecho y resalta la calidad de sus diálogos.
He acá una epopeya moral ambiciosa, un retablo que toca diversos aspectos de la contemporaneidad, algunos de los cuales se reflejan en planos y escenas que ilustran con claridad las paradojas y sinsentidos de la experiencia.
Los chicos se siguen divirtiendo y la película fluye sin contratiempos. Ahora, que haya alguna utilidad en seguir machacando con este show pueril, de vocación planetaria y escenificación televisiva, es una cuestión más discutible.
Ni los altos estándares de producción ni la actuación habitualmente destacada de Timothy Spall logran evitar que la película se sienta monótona y que el guion caiga en la rutina.
Los temores que evocaba el tráiler de 'Ready Player One' se disipan rápidamente. Las numerosas referencias a la cultura pop no solo son inofensivas, sino que, en realidad, incrementan el interés y empujan la narrativa hacia adelante.
En muchos sentidos, la película alcanza la excelencia. 'La La Land' cumple con sus grandes aspiraciones, rebosante de creatividad e imágenes cautivadoras. Es una fantasía romántica meticulosa.
Este drama genera un fuerte impacto emocional, y cada momento intenso parece anticipar el próximo. Al llegar al clímax final, toda la construcción se desvanece, dejando la sensación de que nada más tiene relevancia.
El drama de la película presenta un tipo de determinismo que puede parecer oscuro y formalista. Sin embargo, 'Dogman' trasciende esta interpretación, ofreciendo una experiencia mucho más rica y profunda.
Pródigo en obviedades visuales y auditivas, en personajes de cartón y flashbacks de pacotilla, este Retrato tiene modos crueles y dolorosos de ser una película lamentable.
Se entrelazan la ingenuidad, las ambiciones desmesuradas y la tontedad, ubicándose en un punto intermedio entre las pretensiones de 'S1m0ne' y las ínfulas de 'Ceguera', dos películas que han caído en el olvido.
Reúne un elenco competente y se desarrolla de manera fluida. Sin embargo, no parece hacer hincapié en el fenómeno religioso-popular ni en la exploración de sus personajes. Además, el humor no juega un papel relevante en la narrativa.