Nada es sencillo para los que cruzan la pantalla de 'El suplente', que tiene una trama a la que el director de 'Tan de repente' le pone el cuerpo y no esquiva los cuestionamientos.
Mungiu es un maestro en su capacidad para reflejar la condición de una sociedad tanto desde una perspectiva externa como desde el interior de los personajes.
Es la combinación de la comedia y el thriller, del humor zafado y de los enredos. 'Noche de juegos' tiene detrás de cámaras a profesionales entrenados en el tema y un elenco que juega específicamente a lo que le piden.
La película, además de dirigirse a los aficionados de los músicos, se enfoca especialmente en aquellos espectadores que disfrutan del cine gore, donde las muertes son tan exageradas que generan más risas que asombro.
No es 'Náufrago', ni 'Lost', tampoco 'The Walking Dead', pero hay una reclusión y un recogimiento que fluctúan de un personaje a otro, con giros que, aunque ya vistos, no afectan la esencia de la historia.
Producida por el cada vez más futurista Ridley Scott, la historia logra el clima de encierro -tampoco crean que se han gastado muchos dólares, que para eso Scott dirigió la inminente 'The Martian', pero también tiene sus clisés, y violines altisonantes.
Desde la realización, Linklater evita los clichés en las relaciones de pareja, presentando la historia a través de un enfoque dinámico y lejos de lo vulgar, resultando en una propuesta sumamente atractiva.
Más que sumergirnos en el infierno, Blumberg se centra en resaltar que el apoyo mutuo es fundamental para salir adelante. Lo más destacado del filme es que evita provocar compasión, ya que también se abstiene de juzgar a los personajes.
La historia es tan alocada y aceitada que permite todo tipo de dislates, soportados por la lógica gilliamista: suelta tu imaginación, y si no logras tu própsito, al menos lo habrás disfrutado.
Tiene lo que hay que tener, en su cuota justa para entretener desde ese comienzo hasta el final. Hay mucho de guiño y de cinefilia, de humor, de citas y de haber gastado la videocasetera viendo clásicos de robos y persecuciones de los ’70 y ’80.
La música del compositor recientemente fallecido Ryuichi Sakamoto le resulta ideal al filme, aportando matices sutiles sin abrumar la esencia de la obra.
Todo muy subrayado. En verdad, como vino haciendo a lo largo de toda la película. Porque o le daban el guion a otra directora, o dejaban que Poehler se volcara decididamente a la comedia, que es lo que le sale mejor.