Santiago Segura vuelve a contar con su reparto estrella y unos magníficos diálogos en la nueva entrega de su franquicia. Un chispeante vodevil que arroja una reflexión sobre el tiempo y sus peajes
Se sitúa siempre a la altura del niño y no del adulto, componiendo un entramado de escenas de acción y vivísimos personajes que pretenden romper la tensión entre lo infantil y lo infantiloide.
Dotado de una majestuosa coraza técnica y enriquecido con hallazgos cómicos puntuales y buenas canciones, comete un error que se convierte en su talón de Aquiles: está más orientado a los adultos que a los niños.
Un film que encuentra en la ambigüedad y el desconcierto su propia razón de ser, con una coherencia meridiana entre un fondo atroz y una forma áspera y escurridiza.
Todo bien en el planeta Pixar. Podemos dormir tranquilos. Para los viajeros que se encuentran perdidos en las infinitas corrientes del cine de animación, tanto el actual como el de antaño.
Lo mejor es su enfoque de ajuste de cuentas y su actitud desafiante, con la sorprendete actuación de Jennifer Lawrence. Sin embargo, el resultado final peca de una autocontención inesperada.
Subirana puede presumir de haber logrado un filme que, del mismo modo que 'El padrino' de Francis Ford Coppola olía a pasta recién cocinada, consigue transmitir el aroma del mar, la montaña y la hierba.
Estamos ante un placer culpable nada culposo. Una ración generosa de trash del bueno. Basura de lujo. Un despropósito mondo y lirondo. Un maravilloso desastre; pues eso.
Una obra de autor de contagioso vitalismo, pero jamás mecánica o boba, sin gota de nostalgia de brocha gorda. Algo tan fácil de disfrutar como difícil de hacer.
La película, nunca desdeñable, me entretiene sin secuestrarme. Su esquematismo le resta interés y también credibilidad y fuerza. Es una pena que Lehericey (...) escoja sacrificar lo que realmente interesaba: la verdad.
Película juguetona e inquietante para fans del mejor humor/horror perverso y castizo. Notable, inesperadamente sólida y, a la vez, refrescante ópera prima del cortometrajista Rubin Stein.
Puro cine sensorial para corazones inquietos y espíritus kamikazes, al menos en el confort de la butaca o la soledad del salón, que bebe de títulos como 'Open water', 'A la deriva' o 'Bajo cero'.
Comedia suavemente negra con firme vocación de entretenimiento popular y celebración vitalista en absoluto impostada. Estimable debut cinematográfico. Salutífera y elegante dramedia.
Un folk á feira umbrío, atmosférico y perverso, acaso algo precipitado en su último acto, que consigue fintar los desafíos y lastres de las recreaciones históricas, apoyándose en un reparto solvente.