Otros méritos se relacionan con la habilidad para transmitir una frescura general, sorprender al espectador mediante inesperados cambios de planos y figuras conductoras.
Se sostiene en tres puntales: Sonia Braga, de elogiable actuación y precioso perfil; su personaje, ideal de muchas espectadoras, y un fondo de fábula política.
La trama es sencilla, y la puesta en escena también aparenta sencillez. Pero igual provoca expectativas e inquietudes, entretiene sin pausa, estimula reflexiones y se hace disfrutable a todo lo largo.
Elegía del sueño familiar que se fue y del anhelo de otro que nunca se concretó. La película también presenta, afortunadamente, algunos instantes de humor y unos pocos personajes que alivian un poco la tensión.
La adaptación opta por crear su propio camino, enfocándose en rostros atractivos y un vestuario pulido que carece de realismo. Sin embargo, la actuación de Rainer Bock como sargento logra que casi cualquier aspecto del papel resulte creíble.
Esta es la segunda película de Xavier Legrand. Su guión, la dirección y la meticulosidad en los detalles, así como su capacidad para insinuar más de lo que se muestra, reflejan el talento de un cineasta a quien vale la pena seguir.
Ese registro, Sans lo hace con todo respeto, propiciando sin azúcares ni discursos la simpatía del espectador, sin entrometerse, pudorosamente, delicadamente.
La historia ofrece una visión directa sobre la importancia de las relaciones y los valores en el proceso de superar la pérdida, narrada de manera sutil y elegante, con actuaciones sobresalientes.
Sin nada nuevo que decir. “Victor Frankenstein” es una superproducción que aporta un gran despliegue y una elaborada dirección de arte, y algunas escenas interesantes.
Este documental, el tercero de Álvarez enfocado en los mayores y su conexión con el arte, destaca por el cariño, respeto y delicadeza que transmite. El director tiene una gran habilidad para hacernos comprender distintos aspectos sin recurrir a explicaciones directas.
Esta comedia romántica cuenta con profundidad y observaciones acertadas. Ofrece un encanto moderado, un humor suave, junto con una dosis de nostalgia y emoción, además de contar con actuaciones destacadas.
La resolución de esta historia tiene un aire místico, destacándose la forma que Hamaguchi tiene de narrarla. Algunos podrían considerarla una obra menor en su carrera, pero sin duda invita a la reflexión.
Singular, imponente, de imágenes hermosas y exposición maliciosa, esta obra colombo-venezo-argentina sorprende por su factura, su producción en medio de la selva, y también por lo que cuenta.