Sensible, no sensiblera. Sencilla, no simplona. Debidamente explicativa, pero no discursiva. Para más, bien interpretada por un elenco sin brillos inútiles.
Todo, contado con sensibilidad, sentido de la observación y poesía cotidiana, en un estilo pudoroso que evita los golpes bajos y no busca las lágrimas del espectador. La emoción surge de forma natural.
Al final, las lágrimas fluyen sin control, y eso se valora; sin embargo, los escépticos solo percibirán esto como una simple promoción de Google Earth y la Indian Society for Sponsorship and Adoption. Siempre habrá diversas opiniones.
La niña Quvenzhané Wallis muestra un talento genuino, interpretando y cantando con habilidad, pero incluso eso no logra salvarla del exceso de azúcar que inunda la película.
Es una tocante comedia dramática basada en un caso real, con gran actuación de Judy Dench, buena mezcla de risa y dolor, y algunos palos a las monjas irlandesas y al gobierno de Reagan.
Lo que sucede en la pantalla es verosímil, y es potente, y también tiene el hálito de un film de aventuras, la inmensa belleza de ciertos lugares y ciertos gestos de nobleza, y de ensoñación.
El film del portugués Miguel Gomes es curioso y ligero, capaz de hipnotizar a algunos espectadores que quedarán fascinados, aunque quizás no sea del agrado del público general.
El autor, Ulrich Seidl, tiene la tendencia de incomodar, actuando como un verdadero provocador. Sabe captar la atención de su audiencia a través de imágenes perturbadoras y reflexiones que resultan evidentes. En resumen, su estilo se mantiene inalterado, presentando todo sin ningún tipo de sutileza.
El resultado no seduce, pero enternece. Quizá porque la película, aunque deshilvanada como los pensamientos de su personaje, ya medio ido, nos muestra el balance agridulce de una pasión que se mantiene.
Un estupendo Christopher Plummer protagoniza “Recuerdos secretos”, un thriller de la tercera edad con pinceladas hitchcockianas y toques de humor negro.
La película promete el regreso de Yimou a su mejor nivel. La música de Qijang, lenta y conmovedora, se convierte en una figura clave en la narración. En conjunto, la obra emociona y invita a reflexionar sobre la historia de los años 60 y 70.
Una película que permite comprender varias cosas sobre el Alzheimer, pero, más que nada, los sentimientos de una persona que se ve cada vez más perdida e indefensa.
Precisa y bien estructurada, esta obra se adentra lentamente en el alma. Es la película más accesible de Petzold, la que más resuena con aquellos que experimentan sentimientos de amor e indecisión.