Bien filmada y muy bien actuada, “Papeles en el viento” tiene las debilidades y también el atractivo y la riqueza de la novela de Eduardo Sacheri en la que se basa.
Si este autor sigue avanzando y madurando en esa línea, no digamos que en el futuro pudiera haber algo en el aire, como una suerte de "Comedia sexual de una noche de verano", pero pudiera haber algo.
Esto no es la guerra, sino apenas otra comedia tonta para ver en el living de casa, de viaje en ómnibus o avión, u otros lugares que no requieran atención exclusiva ni pago de entrada.
Es una pequeña, melancólica, preciosa historia de inmigrantes ambientada en una ciudad cercana a Venecia; realización de mano precisa, excelentes actuaciones, música suave.
Giorgelli creó una historia verosímil y sensible, sin caer en exageraciones, lo que nos permite creer en cada momento. Además, supo seleccionar a los intérpretes perfectos para llevarla a cabo.
Un pasatiempo indicado solo para quienes gusten de las comedias guasonas, gamberras o como quieran llamarse. Pero aun dentro de este sub-sub-subgénero cabe considerarla floja.
La obra es mucho más que esos guiños y andaduras, y el modo en que Honoré hace más compleja y «actualizada» su historia de amor francés lo coloca entre los nuevos artistas venerados de diversos círculos.
El clima de “Anomalisa” es melancólico y triste. Es admirable el trabajo realizado por los diseñadores de producción, el director de arte y el talentoso equipo de animadores, escultores, maquetistas y vestuaristas.
La película ha sido profundamente suavizada. A lo largo de los años, generaciones de niños la han disfrutado sin problemas, a pesar de las atrocidades que presenta. Sin embargo, en la actualidad, gran parte de ese contenido queda oculto o es moderado.