Es lo suficientemente encantadora e ingeniosa para compensar sus problemas estructurales. Sin embargo, resulta bastante inofensiva y se mantiene en lo seguro.
Bill Hader aporta momentos cómicos, mientras que Jessica Chastain convierte a Beverly en el personaje más fascinante. Sin embargo, el encanto característico de Spielberg brilla por su ausencia.
Una película ambiciosa y cautivadora, con una narrativa que desafía las convenciones tradicionales. Los personajes están bien desarrollados y las actuaciones son sobresalientes, lo que permite una conexión emocional profunda con la historia. La cinematografía es impresionante, creando imágenes que perduran en la memoria del espectador.
El accidente está magistralmente representado y Bayona logra una belleza inquietante en la captura de los paisajes nevados, que evocan tanto el infierno como el paraíso.
Esto es cine, o se supone que lo es, pero esta película salta de forma poco imaginativa de una canción a otra y algunas de ellas parece que duran eternamente.
No se centra en el martirio de McKee, sino que nos da una idea de quién era realmente. Lo que surge es la estampa de una mujer dinámica, talentosa y cariñosa que tenía mucho más que decir.