Lo que se propone la serie en sus primeros episodios es un registro lo más objetivo posible, que evite cualquier sanción moral pero también cualquier coartada para una justificación.
Todo lo que gira en torno a Viruca es el núcleo de 'El desorden que dejas', siendo su tiempo y su historia lo más cautivador. Además, Viruca es interpretada por Bárbara Lennie, quien se destaca como una de las mejores actrices que ha surgido en España en años.
Las viejas disputas y las nuevas reflexiones sobre verdades y responsabilidades se despliegan en un tono nada solemne, sin deslumbramientos, pero con algunos gags logrados, confirmando que la comedia italiana no está en su mejor momento, pero sigue resistiendo.
En 'Abigail' se presenta un sorprendente cruce de géneros con una elegancia inesperada. La trama ofrece momentos intrigantes, mientras que la violencia se utiliza de manera efectiva para mantener la atención del espectador. Es una experiencia cinematográfica que mezcla la acción con un toque de misterio, ideal para quienes disfrutan de este tipo de
Lo que sostiene el tono de la serie es la soltura de Michelle de Swarte para la comedia, capaz de dotar a ese artificio a su alrededor de la verdadera experiencia de una pesadilla.
La película comienza con ingenio y humor gracias a la llegada de la cautivadora niñera interpretada por Mackenzie Davis. A pesar de su creciente introspección, 'Tully' mantiene una mirada aguda sobre el contexto social y económico que rodea la vida familiar.
Bien por Lellouche, que supo resumir la verdadera inspiración de los musicales de Esther Williams y sus fascinantes coreografías acuáticas: más allá del talento individual de los nadadores, el recuerdo que persiste en la memoria del espectador es el del trabajo en equipo.
Una pena que, pese a las buenas intenciones, la coda final se abarrote de un heroísmo de manual de autoayuda y aires de fábula de superación. Al abandonar el humor para ponerse sentimental, la película debilita la consistencia que había brindado.
Pese a las buenas intenciones, aun desde la parodia, el melodrama requiere de fuerza y convicción. Sin embargo, se presenta a través de una serie de tópicos desangelados, interpretados con desgano y afectación.
Es quizás uno de los momentos más destacados de la ficción televisiva de este año que refleja el nuevo mundo en el que vivimos. No se profundiza en explicaciones ni en detalles, pero logra integrar el contexto de manera hábil en el desarrollo de la vida de los Pearson.
Si la comedia no logra establecerse, la química que se percibe en ciertos momentos entre padre e hija se desvanece en secuencias de montaje acompañadas de una música melodramática que destruye cualquier posibilidad de emoción genuina.
Es una experiencia sensorial, absurda y delirante, pero capaz de nutrirse de lo inexplicable para dar cuerpo a un mundo que desde hace tiempo ha puesto en entredicho todo lógica.
En esos detalles se encuentra el placer de su película, en esa construcción pausada de un universo que luego resulta ser otra cosa, en la expresión agobiada del genial Odenkirk que se revela como el actor perfecto (...) como un impensable vengador anónimo.
Propone una sátira desenfadada de todas las obsesiones que atraviesan a la cultura americana. (...) Con el espejo del cine de los hermanos Coen, la comedia negra de Taylor escala en intensidad a medida que enreda a sus personajes.
Campanella emplea su vasta cultura cinematográfica como base para su narrativa. Sin embargo, no todo se desarrolla como se espera: su humor, a medida que avanza la trama, pierde su tono oscuro y se vuelve, en ocasiones, demasiado ingenuo y superficial.
Una road movie impregnada de emociones. Todos los caminos se cruzan, como en un laberinto que no tiene principio y final, donde la circularidad condimenta los destinos con el mejor sabor del melodrama.