Un regreso fascinante a uno de los géneros más apreciados de Hollywood, pero generalmente abandonado, y que le insufla nueva vida de nuevo. Esta es la película para la que se inventó IMAX.
Esta propuesta en un género ya agotado en relatos sobre la Segunda Guerra Mundial destaca por su originalidad, revelando una historia que había permanecido en la sombra y que finalmente obtiene la atención adecuada.
Esta propuesta, aunque admirable, presenta fallas, pero merece reconocimiento por el esfuerzo realizado, aunque solo nos lleva a una conclusión parcial.
Con canciones pegajosas, coreografías vibrantes y una mezcla de comedia, drama y elementos oscuros, este musical se presenta como una experiencia única e inigualable.
La habilidad de estos cineastas transforma una historia familiar absurda en una experiencia cautivadora para quienes se dejan llevar por este viaje retorcido y están dispuestos a invertir tiempo en busca de una recompensa emocional.
Tiene observaciones irónicas sobre la conducta humana y preguntas sin respuesta sobre lo que somos, contadas en un estilo apagado, casi inexpresivo, por un elenco de actores magníficamente elegidos, Røise y Harr están perfectos.
Un biopic lleno de sensualidad y con un ritmo trepidante. Bennett brilla en su interpretación, aportando un aspecto singular que evoca la esencia de una pintura clásica de esa época.