Una película encantadora. La directora Philippa Lowthorpe, junto con las guionistas Rebecca Frayn y Gaby Chiappe, logran crear una obra ligera y agradable.
Es una experiencia ardua de horripilancia y extenuación que es tan exasperante como me temía. Pero tengo que reconocer que tiene un final de terror espectacular.
Esta película tiene una estética impresionante y un enfoque elegante, aunque no logra cautivar por completo. Su duración excedente le resta ritmo y se siente menos apasionante de lo esperado.
Es una historia interesante, pero la película no genera la atmósfera de la balsa. No te sumerge por completo en ese entorno extraño ni analiza exactamente lo que sucedió.
El toque de comedia negra que le imprime Budreau al relato reduce la tensión y el suspense, aunque esta dinámica se siente auténtica en medio de un caos donde la realidad supera a la ficción.
Tom Hanks y Meryl Streep impresionan. Es una película estimulante y entretenida, un emocionante drama que aborda principios fundamentales. A su manera, es una llamada a la acción.
No consigue crear drama ni transmitir una lección de vida clara. La ausencia de un objetivo definido deja a la audiencia desconcertada. A pesar de algunos momentos interesantes, la película se siente vacía y poco impactante.
Hay una calidez y una ternura tremendas en esta dulce y triste historia de amor. Paul McGuigan logra mantener un equilibrio perfecto entre lo emotivo y lo cómico. La química entre Bell y Bening es notable.
Con una impresionante actuación de Plummer como villano-autócrata, Ridley Scott presenta una entretenida parábola sobre lo que el dinero puede comprar y lo que no.