Kier, como siempre, ofrece una dosis de humor negro y Hayman realiza un trabajo sincero. Sin embargo, hay algo que no termina de funcionar en esta entrega.
Con calidez y ternura, está escrita de manera ágil y bellamente interpretada. La película posee una notable generosidad emocional e ingenio, abordando un dilema de la época que a menudo se malinterpreta.
Michael Gandolfini provoca escalofríos como el joven Tony Soprano. La serie es visualmente atractiva, pero se siente extrañamente confusa, y su complicada narrativa no aporta mucho a la historia.
El insoportable dolor de perder a un niño es un tema complicado para cualquier película y se refleja en este drama que, aunque está bien interpretado, resulta empalagoso y superficial.
Las escenas y las frases suelen ser demasiado solemnes. Cuando ocurre algo realmente importante y dramático, la verborrea excesiva y la preocupación innecesaria suavizan el impacto.
La película exhibe los característicos manierismos del director, que se evidencian en diálogos impávidos improvisados y una estética provocadora. Esta combinación genera una inquietante sensación de terror, similar al estilo 'snuff'.
Tarantino ha creado un entretenimiento extravagante y abrumador. Es impresionante, impactante y se ha filmado con maestría, empleando los colores primarios del celuloide.
Zellweger presenta un retrato emotivo y detallado de Garland. Sin embargo, el filme resulta un biopic bastante convencional sobre una estrella de Hollywood en decadencia.
Es una película mejor que 'The Big Short' debido a la imponente, entretenida e inteligente actuación protagonista en la que Bale sabe hacer más con menos.
Grabada con dinamismo por el director de fotografía Barry Ackroyd, la película destaca por su relevancia y pasión. Bigelow logra infundir un sentido de humanidad en medio de la angustia que se experimenta a lo largo de la trama.
Billy Howle y Saoirse Ronan ofrecen interpretaciones solidas. La película es tierna y significativa, demostrando con inteligencia la ingenuidad de la juventud en sus veinte años.
Tiene un buen diseño de producción de los años 60 y un ritmo fluido, aunque pausado. Pero nunca llega a ofrecer algo parecido a la energía de las aventuras de M:I de Tom Cruise, ni el ingenio y el carácter distintivo de 007.