Furniss presenta un docudrama inspirado en las vivencias de tres mujeres de 60 a 70 años, quienes comparten de manera ingeniosa y cálida su continua conexión con la sexualidad.
Una película de terror que combina el porno con la tortura, resultando en un contenido estúpido y desagradable. Es un thriller que carece de credibilidad y no logra atrapar al espectador.
Un documental que carece de profundidad y resulta poco inteligente. La ejecución es torpe y no aporta humor, dejándonos con una sensación de incomodidad.
Una inmersión en el mundo del deepfake porn que da miedo, reflejando con precisión la inquietante realidad de estas tecnologías. Apasionante y perturbador al mismo tiempo.
En la gran pantalla, los vastos exteriores y los edificios en llamas presentan una calidad onírica y expresionista. La experiencia es inquietante, surrealista y casi operística.