Este nuevo Von Kant presenta un tono más ligero y casi frívolo. Se narra la historia de un hombre sumido en el desamor, lo que genera una reacción de simpatía y complicidad en el público.
Conmovedora y misteriosa, la película comienza como una comedia sofisticada y evoluciona desde lo que parece un apocalipsis zombi hacia un drama intimista, culminando en un homenaje a la forma en que una nación gestionó su trauma.
La primera película de Noémie Merlant como directora resulta ser superficial y excesivamente indulgente, mostrando una incapacidad para tratar de manera adecuada temas como la misoginia y la violencia sexual.
Es una cinta que, aunque tiene un enfoque algo artificial, logra transmitir un profundo romanticismo, intensidad y sinceridad, además de contar con instantes realmente brillantes.
Su habilidad y notable productividad demuestran que puede crear una película amena de vez en cuando, y esta es una de esas ocasiones: es ligera y divertida.
Los recursos visuales de los hermanos Coen evocan a Kurosawa y Welles, matizados con elementos del expresionismo alemán. Presentan un universo en blanco y negro, cargado de violencia y dolor que impacta en el espectador.
Hay algo diabólicamente inspirado en la forma agresiva en que enfrenta al público con su fisicalidad. Esta película quema, como el hielo contra la piel.
Todo está maravillosamente interpretado y visualmente impactante, especialmente las escenas de flashback de la infancia. Sin embargo, la historia resulta poco convincente.
La caracterización y la narrativa de esta película parecen estar elaboradas de manera artificial, creando un drama que se siente excesivamente melodramático y poco auténtico.
La emocionante aventura bélica de Steve McQueen es una obra clásica, que se presenta de manera bien elaborada y sincera. Su capacidad para conmover al espectador resalta, aunque tiene un enfoque un poco tradicional.
Una película divertida con algunas grandes escenas, y Ramos y Powell hacen de admiradores galantes de Kate. Sin embargo, creo que el cine aún no le ha dado a Edgar-Jones el papel bien escrito que se merece en la gran pantalla.
Una elegante y reflexiva narración dual de Mia Hansen-Løve, que explora los desafíos de la monogamia a través de un romance paralelo. Aunque la película es valiosa, puede parecer un poco fría y reservada en sus emociones.