Una comedia romántica que carece de gracia y resulta torpe y cursi. No hay manera de rescatarla, ya que no logra conectar con el público y carece del encanto que se esperaría de una buena comedia.
Un estudio complejo y elusivo que resulta gratificante al final, centrándose en la travesía de una hija para volver a conectar con su padre. Kokkali ofrece una interpretación convincente que refleja tanto el daño emocional como el proceso de sanación.
Legrand maneja lo absurdo con estilo, y hay algo inteligente en cómo convierte a un personaje aparentemente menor en el responsable de que la narrativa progrese. Un espectáculo agradable.
Tseden no se consideraba un cineasta que abordara la política de forma explícita, y esta película tampoco lo hace. Se presenta como un canto extraño y melancólico.
Este nuevo Von Kant presenta un tono más ligero y casi frívolo. Se narra la historia de un hombre sumido en el desamor, lo que genera una reacción de simpatía y complicidad en el público.
Conmovedora y misteriosa, la película comienza como una comedia sofisticada y evoluciona desde lo que parece un apocalipsis zombi hacia un drama intimista, culminando en un homenaje a la forma en que una nación gestionó su trauma.
Un destacado elenco liderado por Joseph Gordon-Levitt no logra darle coherencia a una trama donde un asesino a sueldo se promociona en una tienda de pinturas.
Es una cinta que, aunque tiene un enfoque algo artificial, logra transmitir un profundo romanticismo, intensidad y sinceridad, además de contar con instantes realmente brillantes.
La expresión seria de Diaz parece que ha sido impactada por 10.000 voltios de deshonestidad, mientras que Kutcher se encuentra atrapado en el papel del típico chico universitario.
Es muy agradable y logra provocar muchas risas. Tatum y Bullock demuestran su inteligencia al entender que están en una comedia y saben que el público es consciente de ello.