Una atractiva y original visión de la leyenda de Ultraman que privilegia una lección de paternidad de mano dura sobre el tipo de manía monstruosa que los fans esperan de la franquicia.
¿Qué pasaría si DreamWorks confiara en el autor de 'Anomalisa' para hacer una película infantil sobre la superación del miedo a la oscuridad? El resultado es tan alocado como cabría esperar, pero también torpemente trillado.
Con todo lo entretenido que puede ser su alegre sentido del detalle, todo el escenario parece forzado: demasiada elaboración para contar una historia más idónea para seres humanos.
Mantiene lo que ha sido su punto fuerte desde la primera entrega: un diseño artístico con texturas de piel flocadas y un diseño de producción de gran calidad.
Maravillosamente adaptada del bestseller internacional del ilustrador británico Charlie Mackesy, esta joya de media hora parece 'The Little Prince' para una nueva generación.
Notablemente, no cuenta con un villano, interés romántico, números musicales ni animales que hablan. Aún así, debería entretener e inspirar a los niños a actuar en vez de esperar pasivamente el beso del amor verdadero.
Todo encaja a la perfección, un matrimonio de la sensibilidad nítida, agradable e inofensiva de Pixar con lo que podría describirse como 'el mundo real'.
El desenlace de la película resulta muy satisfactorio. Sin embargo, el desarrollo previo parece carecer de originalidad y se siente un tanto superficial.
No es un simple remake. Es a la vez un homenaje y una renovación del clásico de 1998, y también una sólida reimaginación de la fuente original de aquella película.
La trama carece de coherencia, aunque se destaca por su energía y algunas animaciones aceptables, a pesar de que los escenarios son bastante olvidables.
Una proeza hiperdetallada y visualmente deslumbrante. La evolución del estudio Laika ha alcanzado un nivel en el que cada fotograma se convierte en una obra de arte.
Con una Maléfica que ya no es la villana de su propio cuento, está secuela mal titulada reduce al personaje a una elegante figurita en un plagio hortera de 'Game of Thrones'.
La historia puede ser chapucera en algunas partes, pero el carisma colectivo de su reparto compensa más que suficiente. Como dice el refrán: no odies al jugador, odia al juego