El resultado es decididamente irregular. Carece de la compresión y los subtonos filosóficos de 'Train to Busan' y se va quedando en harapos a la búsqueda de una historia coherente que nunca emerge.
Cada intento de terror falla en su propósito. Wingard y el coescritor Simon Barrett optan por repetir elementos de la película original, pero esta vez con más ruido, vergüenza, aburrimiento y falta de sentido.
La primera entrega de 'Young Guns', lanzada en 1988, resultó ser un gran desafío para todos. A pesar de lo que pudiera parecer, la segunda parte logra ser aún más intensa.
La excepcional adaptación cinematográfica de David Fincher de 'Perdida' se destaca como la obra maestra de la década para las parejas que anhelan arruinarse mutuamente.
La enérgica comedia de Feig cuenta con unas excelentes interpretaciones de Kendrick y Lively, brindando una perspectiva única acerca de las complejas dinámicas de la amistad entre mujeres.
Bryan Cranston destaca en 'Wakefield', ofreciendo una actuación convincente que permite que las ideas de la película se desarrollen y se escuchen de forma efectiva.
Un impresionante inicio en la dirección y guion de Joseph Gordon-Levitt, quien brinda una actuación memorable como Jon, llena de humor, pasión y emoción.
Brown es completamente encantador y aporta un toque de estilo a esta película familiar. Enola se presenta como una poderosa representación de la adolescencia.
Mostrando señales de vida inteligente en un universo de tonterías de mal gusto, 'Assassin's Creed' se sitúa por encima de la masa de películas basadas en videojuegos.
Disney merece reconocimiento por elevar sus metas en el ámbito de la animación. Sin embargo, sería mejor que en el futuro se enfocaran en transmitir más emociones y menos enseñanzas morales.
Tenía la esperanza de que esta nueva entrega fuera al menos satisfactoria, o que evocara la emoción de la película original de 1988. Sin embargo, 'A Good Day To Die Hard', la quinta entrega de esta serie, resulta ser un completo desacierto.
En esta confusa mezcla alienígena, lo único que realmente destaca es la constante avaricia de Hollywood por hacernos pagar más mientras nos ofrece menos.
Sylvain Chomet narra una historia cautivadora a través de una secuencia de imágenes asombrosas que hablan por sí solas, sin necesidad de utilizar subtítulos.
El film trasciende las historias anecdóticas y ejemplifica cómo la política de censura ha permanecido prácticamente inalterada desde la época de Nixon hasta Bush.