Greenaway inunda al espectador con un torrente de imágenes, desafiando su capacidad de atención. La interrogante sobre si es un genio o una farsa genera un debate tan fascinante como contemplar una de sus obras cinematográficas.
Es una obra maravillosamente extraña, llena de imágenes poéticas, monocromáticas e hipnóticas, desprovista del sentimentalismo que a menudo aparece en las historias de fantasmas.
El resultado es decididamente irregular. Carece de la compresión y los subtonos filosóficos de 'Train to Busan' y se va quedando en harapos a la búsqueda de una historia coherente que nunca emerge.
La primera entrega de 'Young Guns', lanzada en 1988, resultó ser un gran desafío para todos. A pesar de lo que pudiera parecer, la segunda parte logra ser aún más intensa.
Sylvain Chomet narra una historia cautivadora a través de una secuencia de imágenes asombrosas que hablan por sí solas, sin necesidad de utilizar subtítulos.
El film trasciende las historias anecdóticas y ejemplifica cómo la política de censura ha permanecido prácticamente inalterada desde la época de Nixon hasta Bush.
Nadie evoca el infierno en sus films como Quentin Tarantino. Aunque 'The Hateful Eight' pueda parecer irregular y con fallos, no se puede cuestionar el ingenio ni la dedicación del maestro detrás de esta obra.
Joe Wright ofrece una interpretación de la novela de Austen que es sorprendentemente fresca y juvenil, logrando mantener la esencia de los modismos del siglo XVIII que caracterizan la obra.