Un extraordinario thriller de cine negro, con el gran Pierre Fresnay, sobre el corrosivo efecto de unas cartas con veneno en un pequeño pueblo francés.
La película se toma su tiempo para abordar las cuestiones planteadas, ofreciendo una perspectiva demasiado simple y emocional sobre cómo el amor y el perdón pueden resolver relaciones problemáticas.
Una obra maestra que profundiza en el espíritu supuestamente liberal de la época para exponer los comportamientos que llevaron a Estados Unidos a la Guerra de Vietnam y que produjeron el Watergate.
El principal fallo de Zaillian radica en haber trasladado la trama a las décadas de los 40 y 50. Además, la actuación de Sean Penn resulta ser inquietante y excesivamente arrogante.
Una película vibrante, de las pocas que hizo a color, que toca temas universales a través de la historia de un actor de mediana edad y su joven amante.
La tensión se mantiene de manera efectiva, y la película resulta ser un cruce entre 'Asalto al distrito 13' y 'Funny Games' que aunque predecible, logra entretener.
Con una evidente inspiración en las películas de samuráis de Kurosawa, las batallas han sido recreadas de manera efectiva. No obstante, no logra plasmar la Normandía del siglo XI con la misma profundidad que 'The War Lord' de Franklin Schaffner.
La adaptación cinematográfica del reconocido thriller de Victor Hugo es excepcional. Harry Baur ofrece una interpretación impresionante que otorga una gran presencia al personaje de Valjean.
Las escenas de apertura logran captar la atención de manera efectiva, pero a medida que avanza la trama, la comedia pierde fuerza y se vuelve menos impactante.
Está hermosamente diseñada, con una fotografía mágica y una emotiva banda sonora de John Williams que le dice al espectador lo que tiene que pensar y sentir. Es innegablemente entretenida.
El uso de la pantalla partida para mostrar escenas desde diferentes ángulos y sus elaborados planos en movimiento indican la llegada de un nuevo estilista prodigioso con un sello original.
La película refleja magistralmente las tensiones presentes en Gran Bretaña en 1951, apoyada por un elenco excepcional, una música ingeniosa de Benjamin Frankel y una fotografía en blanco y negro meticulosamente lograda por Douglas Slocombe.