Farrell y Gaynor tienen una gran química en pantalla, ofreciendo experiencias memorables que resonarán profundamente en los espectadores que sepan conectar con sus emociones.
Una magnífica sinfonía de luz y oscuridad. Las escenas fantásticas siguen siendo mágicas, y la película está dominada por el carismático Mephisto interpretado por Jannings.
El director y el público se convierten en voyeurs, imponiendo nuestros relatos sobre lo que observamos en la pantalla, al igual que cuando organizamos el mundo que nos rodea.
La combinación de composiciones estilizadas y animación está lograda de manera excepcional. Al igual que en las obras de Svankmajer y su compatriota Kafka, se percibe una atmósfera de realidad que rodea a los eventos más fantásticos.