Binoche nunca ha estado tan absolutamente radiante como fotografiada por Agnès Godard en este deslumbrante film de la imprescindible Claire Denis, que vuelve a brindarnos una de sus obras mayores. Una pequeña obra maestra.
Uno se siente placenteramente atrapado, como si estuviera en una obra de teatro de esas que se dan en pisos, aunque la magia hiperrealista de los actores impide que nos percatemos del elegantísimo artificio.
Apoyado en una trama tan picaresca como mínima, Porumboiu, quien inicia haciendo referencia a Robin Hood, se deleita en desnaturalizar la búsqueda del tesoro, eliminando todo glamour aventurero.
Funciona bastante bien, gracias al trío protagonista; a un costumbrismo de bar con serrín, y a un encadenado de gags que nos columpian entre la sonrisilla perenne y alguna carcajada.
Una serie de gags que funcionarían mejor si el director hubiera dedicado más tiempo a la edición. Parece evidente que no se planeó completamente. Es entretenida, sí, pero presenta algunas desventajas.
Brilla y entretiene cuando se mantiene dentro de los límites del hotel. Sin embargo, llega un momento en que, a pesar de su sofisticación, el concepto de este 'Canino' a lo grande se desinfla como un suflé, evidenciando que ya no tiene nada nuevo que ofrecernos.
Un cruce imposible entre 'Teniente corrupto' y 'Loca Academia de Policía'. No se deben esperar grandes risas al estilo clásico; la esencia radica en la incomodidad de no saber cómo reaccionar ante una sonrisa que se congela.
George Miller ofrece un espectáculo sin tregua y visualmente deslumbrante. Al finalizar, te hierve la sangre y sientes que has presenciado GRAN CINE, en una impecable reformulación del cine del pasado.
Salvo en algunas escenas de acción, la emoción es escasa y surge la pregunta sobre la contribución de un director tan reconocido como Barry Jenkins a una película que parece haber sido creada por una inteligencia artificial.
Muy emocionante, una maravillosa superproducción. No solo es la mejor película de animación del año, sino que, sin duda, representa la cúspide de Dreamworks Animation.
Una cuenta atrás llena de tensión subyacente, que se revela a través de sueños o pesadillas representadas en interesantes collages. Es una obra inteligente, seductora y evocadora.
Es una película que convierte la modestia en una cualidad admirable. Sin embargo, al enfocarse profundamente en los matices de su antiheroína, puede dar la impresión de ser excesivamente introspectiva.
Ofrece un giro inesperado que impacta, y se convierte en una profunda reflexión sobre el lado menos glamuroso de las rupturas amorosas, resonando con una generación que ha llegado a aceptar este proceso como algo cotidiano.