La cuarta entrega es la peor de todas ellas hasta la fecha: a duras penas entretiene y no te saca ni media sonrisa. Secundarios desaprovechados y un guión desganado apuntalan un proyecto que llega a dar vergüenza ajena.
La película tiene todo lo necesario para proporcionar una experiencia evasiva de lo más satisfactoria. Lo que le falta de coherencia y de enjundia a la trama lo compensa con constantes espectáculos. Cine de aventuras muy digno.
Una serie reivindicativa que invita a un debate posterior para aclarar sus luces y sombras. Expone las diversas violencias sexuales a las que puede estar expuesta una adolescente, aunque no logra ofrecer un modelo claro para enfrentarlas. Nicole Wallace destaca como protagonista.
Un brindis por la amistad que te impulsa a crecer, a salir de tu zona de confort y a cometer errores en el camino. La película es divertida y está repleta de verdades incómodas que se tratan con un gran sentido del humor.
Notable traslación de una historia en la cual se prima el discurso por encima de la forma. Está repleta de reflexiones interesantes sobre la fe, el método científico y la naturaleza humana.
Neil Jordan no consigue revivir al gran personaje de Raymond Chandler. Ni siquiera el apartado visual logra deslumbrar en la creación de espacios sugerentes.
Nolan impacta y conmueve, logrando generar un terror que se siente en cada instante. Te hace vibrar en la butaca y te enfrenta a las consecuencias éticas aplastantes de su poder destructivo, dejándote deslumbrado por el resplandor de una explosión.
Es un caramelo para los fans de este cine, único en su especie, que rezuma amor por la animación tradicional y cala hasta los huesos cuando abraza el viaje del héroe.
Una película pertinente que rescata el legado de Nicholas Winton y pone en valor la gesta colectiva de haber salvado a cientos de niños del horror de la guerra.
Una de las mejores películas españolas del año. Un trabajo complejo sobre un personaje que es muy querido en público pero permanece prácticamente desconocido en lo privado.
Es fácil que 'Los Farad' cautive al público por varias razones: un reparto comprometido y una trama envolvente. Destacan los giros narrativos en los dos últimos episodios de la serie, así como la impresionante banda sonora.
Una serie bien documentada que da verdadero pavor ante la facilidad para embaucar a la gente. Lo peor: Tiene muy pocas imágenes de archivo y las repite constantemente.
Cumple tanto como retrato de los suburbios como en el plano del horror derivado de las arañas. Un espectáculo que no renuncia a lanzar mensajes comprometidos y que homenajea a un sector de la población relegado a las sombras.
Bill Skarsgard se come la película: una colección de secuencias de acción inspiradas en Street Fighter que hará que los jugones y los amantes de la acción se lo pasen de maravilla.
Rodado con pulso firme, la película se destaca como un efectivo thriller policiaco que no olvida su compromiso con la denuncia social y su conexión con la realidad actual.
La película presenta los mismos problemas que la anterior y, además, enfrenta un inconveniente adicional: su extensión excesiva. Aunque intenta resaltar valores positivos como la deportividad, se siente forzado en su intento de promocionar a Movistar Riders.