Mitchell cumple con su papel, aunque elige seguir la senda habitual de las secuelas que carecen de confianza y se muestran reacias a explorar nuevas ideas.
Con chistes que no logran impactar, y una excesiva carga de líneas dramáticas irrelevantes, en esta entrega, ni siquiera los icónicos minions consiguen provocar risas.
A ratos dinámica y a ratos un atolladero, esta historia de origen resulta demasiado familiar en todo sentido. Nada aquí es realmente nuevo o sorprendente. Todo está bien, pero la fórmula se nota por todos lados y eso ya agota.
Es tan insistente en su afán por agradar y conquistar al espectador de manera forzada que, en ciertos momentos, parece lograrlo. Sin embargo, la verdadera intención de los creadores parece radicar únicamente en el mercantilismo, dejando de lado la entrega de una narración convincente o algún instante genuino y memorable.
Hay demasiados personajes, universos paralelos y un núcleo duro de fans a los que hay que respetar, después de todo para ellos está pensada esta película. La historia es un sinsentido.
No importa lo bien que desempeñen Will Smith y Margot Robbie en sus papeles de Deadshot y Harley Quinn, respectivamente; el caos, la falta de visión y la saturación de elementos presentes en esta desafortunada película son excesivos como para rescatarla del fracaso.
A pesar de los obstáculos, la película logra funcionar gracias a su ligereza y a su habilidad para demostrar que incluso una idea tan descabellada como esta puede tener éxito si se aborda con dedicación. En la actualidad, eso tiene un gran valor.
Posee una decente cuota de humor, pero el resultado final es desangelado y frío. El film cae en lo mismo que parece declarar: demasiada tecnología y poco corazón.
Un film amable, divertido y políticamente muy correcto. Pocas veces los malos han sido menos malos, una ciudad se ha visto más hermosa y todos los habitantes parecen siempre listos para ayudar.
Johnston podrá ser un artesano efectivo, pero no es un creador muy dotado o ingenioso, y su 'Capitán América' parte prometiendo poco y no entrega más que eso.
Técnicamente, la realización es impecable al aprovechar la tecnología actual. Sin embargo, no logra mucho, aunque en su intento se puede vislumbrar un pequeño triunfo. A pesar de ello, este esfuerzo se convierte en un conjunto de ideas que carecen de alma y dirección, y no logra destacarse entre la multitud.
Como película, la experiencia es decepcionante. No presenta un desarrollo ni un conflicto interesante. El resultado se siente como un capítulo más, intercambiable y sin atractivo, de poco más de una hora de duración, de la serie original. Ni siquiera atraerá a los nostálgicos.
Una historia que se sostiene de manera segura y que presenta las aristas de un caso que a primera vista podría verse simple, pero que al escarbar un poco ya nada es como parece.
Esta película sueca se sirve de la figura del vampiro para recrear una de las más potentes historias de amor y de entendimiento adolescente del último tiempo. Un himno maduro, protagonizado por dos jóvenes talentos.
Sí es una sólida entrega, con un desfile de buenos personajes secundarios, humor y una historia que se las arregla -como Peter Parker- para lidiar con una herencia inmensa que nadie solicitó.
Su problema radica en que intenta recrear el ciclo repetitivo que significa la rehabilitación y posterior reincidencia. Como engranaje narrativo no deja de poseer cierta fuerza y atractivo, pero se extraña mayor profundidad psicológica.
Es la apertura de Hollywood a tener un protagonista gay en una cinta de estudio. Por lo mismo, todo en la historia está edulcorado para no herir o incomodar a nadie. Todo es políticamente correcto y el filme no corre ningún riesgo, pero no por eso el resultado es malo.
Es un agrado ver una película de adolescentes en estas lides, que trate a sus personajes con respeto y humanidad. Otro acierto es que la historia se tome su tiempo para demostrar lo equivocados y acertados que están tanto padres como hijos.