La dirección resulta efectiva pero perezosa al repetir constantemente la misma idea, aportando únicamente una excusa argumental acertada para enlazar esta historia con la compleja trama de los Warren.
Su ambición histórica contrasta con un funcional apartado artístico que, apoyado en sus feroces intérpretes, se rinde antes de compararse con cineastas decididos a engalanar su narrativa.
El film comienza confiando en el prometedor Omar Banana, pero rápidamente se entrega a la siempre brillante Ana Wagener, lo que transforma la narrativa en un relato descabezado.
De haber contado con un croma adecuado, la película habría transportado a los espectadores al Live Aid, evento que mostró que Queen era mucho más que una banda que merecía solo una película correcta.
Un relato de ficción que presenta un complicado triple salto mortal con numerosas ventajas e inconvenientes. La fuerza de su mensaje, sin embargo, logra mantenerse por sí sola.
Todo resulta mil veces visto. Por suerte, Mohr logra que sus brillantes escenas de acción e incansable comedia absurda nos hagan obviar esa sensación de 'déjà-vu' para disfrutar de la atracción.
La mejor película de terror de 2024 es puro combustible para pesadillas. La escalofriante 'Longlegs' transforma a Nicolas Cage en el villano más inquietante del cine de terror actual.
Una divertidísima película de terror, tan fresca como una aventura que empieza de cero. Un entretenimiento sincero, sanguinolento y salvaje con el que es imposible no pasar un rato estupendo.
Inesperado milagro ligado a aquel viaje regala una experiencia visual tan cuidada y sobrecogedora que resulta complejo recordar que nos encontramos ante un documental durante sus 90 minutos.
Se destaca en lo que ni Pixar ni Disney abordan: el desafío, aunque sea inofensivo, a lo políticamente correcto. Además, su humor excéntrico resulta, en muchas ocasiones, más entretenido para los adultos que para los niños.
La cuidada producción de 'Salvar o morir', así como el buen gusto estético en la dirección de Frédéric Tellier, no terminan de disimular la forzada construcción de un relato que no va más allá de su sinopsis.
Dos abrumadoras horas carentes de intencionalidad narrativa. Una colección de interminables desmentidos que no pretende servir como entretenimiento, sino como alegato desnudo de la verdad defendida por Stone.
La mejor película japonesa sobre bucles temporales. Una obra maestra que se convierte en un título imprescindible en cualquier lista de películas, demostrando que con una buena idea bien presentada, no hay limitaciones presupuestarias que puedan justificar un resultado mediocre.
El metraje padece al tratar de encontrar a su público mediante una mezcla de estilos. Es un cuento cautivador que cuenta con numerosos elementos intrigantes, pero resulta difícil conectar con la prudencia con la que se desarrolla la historia.
King acierta donde erró Tim Burton y crea un film que, además de encajar en el universo de Dahl, aporta una verdadera aventura que edulcora la condición de encargo salido de un calendario industrial.
Una celebración del disfrute pirotécnico en la que solo se echa de menos la intervención de un director que, como James Wan en Fast & Furious 7, aporte algo de sentido a sus engrasadas piezas.
Nos engancha más por el uso del glutamato monosódico que por una presentación que carece de un postre casero para compartir en redes. ¿Volverás? Probablemente.