Primero y ante todo, 'Zero Dark Thirty' es una película excepcional. Es un film periodístico que impacta y provoca, que aclara y da sentido al clamor y la confusión de una década con notable claridad en su narración.
El viejo dinosaurio japonés en una malgastada versión americana de destrucción épica. Es un concepto que carece de una historia magnética, un paquete sin producto.
'Pi' representa un enorme avance en la evolución del cine, llevándolo a nuevas alturas y ampliando los recursos del medio. El realismo mágico pocas veces ha sido tan encantador y, por primera vez, tan auténtico.
Menos mal que las canciones son pegadizas y las imágenes son inteligentes y enérgicas, porque la película, como ejercicio de puesta en escena, sigue apestando.
No es una gran película, pero sí es cálida y pulsa las teclas emocionales del espectador con tanta habilidad que parece un masaje. Intuyo que te reirás y llorarás en los momentos apropiados.
Ambas películas, tanto esta como la anterior, sugieren que los estadounidenses pueden aprender de sus aspectos negativos y peculiares. Harold y Kumar se presentan como patriotas que disfrutan de la marihuana en la primera entrega, ofreciendo una visión sobre la tortura que no resulta pesada. Además, Errol Morris merece ser reconocido con la medalla