Siendo generoso, la describiría como post-postmoderna; siendo honesto, diría que es una debacle. La estupidez autoconsciente no se puede comparar con el ingenio.
Puede que se maneje de forma diferente a su predecesora, pero está claro que ha sido puesta a punto por los mismos ingenieros. Después del 'drag racer' recortado, llega el juggernaut.
Emociona en todo momento. La visión del director de una América en implosión no es ni anti-Trump ni anti-woke, sino que ofrece una perspectiva fascinante.
Esta entrega, que parece buscar desesperadamente el éxito comercial, carece del encanto hedonista presente en la película original de 1989 y apenas se asemeja a Cazafantasmas.
Una pieza de época en blanco y negro con un toque folclórico sumamente inquietante, un desolador capítulo histórico atemporal y aún más perturbador por ello.