Cillian Murphy deslumbra como destructor de mundos. Es una trepidante montaña rusa y, a la vez, un retrato espiritual que eriza la piel; una obra de época en su mayoría clásica que solo Nolan podría haber hecho.
Ford lo da todo, pero mientras las tres películas originales eran apasionantes, esta quinta entrega carece de chispa. La acción se siente genérica y está escenificada de manera torpe.
Un brillante viaje sin sentido. Adan Jodorowsky apoya de forma atractiva las ideas presentadas, creando una experiencia visual única que invita a la reflexión.
El pasado, el presente y el futuro se entrelazan de manera fascinante en la peculiar y singular obra de Alexandr Sokurov. Esta película resulta casi indescriptible en su forma de clasificación.
Una comedia monárquica burbujeante y atolondradamente nostálgica. Si Enid Blyton hubiera escrito una secuela de 'The King's Speech', podría haber sido como 'A Royal's Night Out'.
El drama automovilístico de Adam Driver resulta ser un viaje electrizante. Con emocionantes escenas de conducción real, este biopic deportivo marca un regreso triunfal de su director, Michael Mann.
Una adaptación soberbiamente elegante y emotiva. Bill Nighy ofrece una de las mejores, por no decir de las más sutiles, interpretaciones de su carrera.
La película es intrigante y mantiene al espectador en vilo, aunque no intenta engañarnos en ningún momento. Las actuaciones son especialmente destacables y aportan un gran disfrute a la experiencia.
Es una rareza: una comedia que entiende que el sentido del humor y la rabia pueden coexistir. Parece que, después de todo, el Reino Unido aún mantiene la capacidad de crear películas como esta.
Atractiva y absorbente. Este debate sobre el racismo, la fama y el activismo en los Estados Unidos, pese a tener más de medio siglo a sus espaldas, pudo haber tenido lugar la semana pasada.