Me gusta más que las versiones de Laurence Olivier y Kenneth Branagh. Las interpretaciones son tan maravillosas que sería injusto destacar alguna en concreto.
Station 19 carece de autenticidad. Al igual que las baladas pop en las que todo parece extremadamente significativo, esta serie moldea un profundo sentido de anhelo.
Es algo poco electrizante y no siempre convincente, pero te arrastra y ofrece demasiados buenos momentos y buenas interpretaciones como para no recomendarla.
A pesar de que las caracterizaciones son débiles y sus ritmos emocionales son evidentes, la película se presenta como un entretenimiento navideño digno y bastante ameno.
Es para chicos de 12 años (o con corazón de chicos de 12 años): poco exigente, sin sofisticación y no más profunda que el grosor de una página de cómic.
[Crítica 1ª temporada]: Presentada en un estilo de 'mockumental', resulta fresca aunque en ocasiones recurra a lo familiar. Aunque los personajes representan una aglomeración de tipos, están bien escritos
Vale la pena ver algunos episodios para acostumbrarse al ambiente y a la música, aunque el humor sea áspero, la serie resulta más alegre a medida que nos familiarizamos con ella.
Se mantiene notablemente centrada, abordando sus asuntos superpuestos sin disipar su energía. Y está, por supuesto, su puro y duro atractivo turístico.
Lo que hace que merezca la pena verla son unas relaciones entre personajes a la vieja usanza; ninguna interpretación individual destaca, pero juntas hacen algo interesante.
Que el mayor atractivo de la serie sea sensual y no cerebral es tal vez acorde al tema principal que trata, apoyándose en un soberbio trabajo de su reparto de actores.
Por un lado, se trata de una de las pocas obras, animadas o no, en las que se habla del socialismo como un camino mejor. Por otro, su argumento central consiste en controlar a una criatura por el ano.