Una lección de cómo contar historias familiares sin exprimir el jugo del limón ni cortar las cebollas, sin lágrimas fáciles, sin violines (pero sí con un teclado) y sin golpes bajo el cinturón.
Es su película más ambiciosa. En realidad es tremenda, una bomba de tiempo: toda la historia va subiendo de temperatura, de mala leche y de incomprensiones a medida que avanzan los minutos.
Dresen crea una película que destaca por su naturalismo y valentía al abordar escenas de contenido sexual, logrando transmitir una profunda sensibilidad en cada momento.
'Happy end' presenta, como es habitual en el cine austriaco, elementos característicos como explosiones de violencia inesperadas y tomas largas desde la distancia. Sin embargo, esta repetición da la impresión de que la película resulta familiar y se siente como un compendio de su estilo habitual.