En el continente más frío, seco y oscuro del planeta, encontramos nieve, hielo y pingüinos. Sin embargo, también existe una belleza etérea que sorprende y cautiva en este entorno extremo.
'Hidalgo' es una vuelta a los tiempos inocentes en los que los héroes y sus caballos arriesgaban todo simplemente porque la vida era increíblemente monótona.
Me gustó mucho, pero no llegué a amarla. Tal vez sea porque, aunque tengo un gran amor por los perros, nunca he logrado conectar de la misma manera con los caballos.
La secuela presenta un ritmo más ágil, una puesta en escena superior y un enfoque artístico más destacado que la original. Sin embargo, como película de terror, no logra generar el miedo esperado. Aunque tiene carisma y está bien hecha, las ratas no resultan aterradoras.
Vine a mofarme de ella y me sorprendió. Confieso que la premisa no me inspiraba mucha confianza, pero me sedujo gracias al guion astuto y culto de Ackerman y a su distintivo atractivo visual.
Su genio es la manera en la que esquiva todos los clichés obvios de la historia subyacente y se hace fresca, observadora, dura y genuinamente conmovedora.
Es más pura y directa que la mayoría de las historias que vemos en animación: una fábula con la que sospecho que los jóvenes espectadores se identificarán bastante.
Tiene risas, emoción, ingenio y monstruos aterradores, y es una de esas películas tontas como 'Critters' que se engaña a sí misma y se sale con la suya.
La película está diseñada para un público juvenil que seguramente disfrutará de sus entrañables animales, su narrativa sencilla y su humor irreverente.
Un thriller bien dirigido por Renny Harlin, director también de 'Die Hard 2', que aquí crea un sólido conjunto de terror, combinando tiburones y efectos especiales.
No sé decir si en algún momento pretendía ser un thriller aterrador sobre monstruos. Tal y como se presenta tiene un equilibrio desigual entre el gore y la comedia, algo así como una 'Anaconda' fallida.