Presenta una interesante combinación de agudeza y ligereza. Jackie Chan y Owen Wilson son dos actores juguetones que demuestran disfrutar de sus papeles absurdos.
No diré que no disfruté algunas partes de 'Bad Company', porque lo hice. Pero ese disfrute vino en momentos totalmente separados de las escenas de acción con piloto automático y las secuencias arriesgadas que restan interés.
Quiere ser una fantasía cálida y extravagante, y casi lo consigue: pero la traiciona su propia necesidad de poner un giro hollywoodiense a una trama que no lo necesitaba.
Puede ser demasiado intensa para los espectadores más pequeños. Sin embargo, es una obra interesante, ambiciosa e imaginativa, que casi merece ser vista solo por el deleite que brinda Anjelica Huston.
La brillantez de la película proviene más de la dirección de Polanski y de una serie de interpretaciones genuinamente inspiradas, que de la historia original.
Hay un montón de material en una película que apenas dura 100 minutos, pero compensa su sobrecargado escenario y falta de originalidad con un ritmo rápido y acción a toda mecha.
Muchos de los gags posiblemente se veían bien sobre el papel, pero viendo a Willis y Morgan intentándolos llevar a cabo es como ver a estudiantes de tercer grado interpretando una obra de Noel Coward, si esa obra hubiera sido reescrita por Kevin Smith.
Una película de persecuciones llevada a cabo a una velocidad adecuada para un hombre de mediana edad con problemas de alcoholismo. Willis tiene esa mirada que transmite: 'será complicado enfrentar esto, pero no podría vivir sin intentarlo'. Siempre he creído que es preferible a la mirada que expresa: 'saldré victorioso porque soy el héroe de esta a