El medio se utiliza de manera inspirada y noble. Ver estas películas, como he hecho cada siete años, invita a reflexionar sobre lo asombroso que es que el ser humano sea el único animal consciente del tiempo.
Un triste y doloroso documental que sirve de poca utilidad en su propósito, más allá del de clavar otro clavo en el ataud. Si todo es parte de un montaje, me voy a sentir muy molesto.
La película logra capturar la esencia y la libertad de los clásicos westerns épicos. Su duración de 160 minutos puede parecer excesiva, pero hay una percepción de que una obra de esta magnitud necesita tiempo para dejar huella.
Un filme feroz y sangriento. Como espectáculo visual, resulta deslumbrante, incluso logrando opacar a las producciones épicas más recientes de Hollywood.
Es la película que todo aficionado a Austen desea disfrutar, aunque no todos la aceptarán. El director se siente cómodo con el material, y el material parece responderle igual. Quizá en exceso.
Stephen Fry aporta una profundidad y amabilidad al personaje de Oscar Wilde, retratando a un individuo ingenioso, talentoso e idealista en una sociedad que priorizaba la hipocresía sobre la honestidad.
Una película de gran belleza que hace gala de una inteligencia considerable. Su narrativa y estilo visual se entrelazan de manera excepcional, brindando al espectador una experiencia conmovedora.