Ya se había ganado mi corazón antes de su clímax, pero cuando éste llegó, supe que había descubierto una de esas obras que están entre la categoría de 'placer culpable' y la de 'tesoros ocultos'.
La historia en sí no importa mucho. Vamos a ver una película clásica del Oeste de John Wayne no para ver algo nuevo, sino para ver lo viejo hecho de nuevo, bien hecho.
Es tan parecida a la vida real, como un documental grabado con una cámara oculta, que me trajo a la memoria conversaciones auténticas que había vivido, en las que se usaban palabras similares.
Una película extraña y lenta que resulta poco gratificante. Nos brinda más tiempo para reflexionar sobre su significado que para entenderlo claramente.
'Smoke' es una película superior, así que si no la has visto, te recomiendo comenzarla. En cambio, 'Blue in the Face' se siente más como un comentario accesorio.
Que quede claro: no tengo objeciones con respecto al contenido de la película, sino con su actitud respecto a él. El contenido es neutral hasta que se define por la manera y el estilo con el que se trata.
Es ese tipo de película que llama tu atención y es espléndida de ver, pero que cuando termina te sientes vacío porque no tiene gran cosa, excepto sus ideas visuales.
En manos de otro director, este escenario habría derivado directamente en sátira social. Sin embargo, Jarmusch no es satírico. Es un romántico que observa a América como un país extraño y cautivador.
La película se desarrolla con la lógica de una pesadilla, donde sientes que algo es verdaderamente aterrador y peligroso, pero nadie parece escuchar tus advertencias.
Una película de estafadores que no solo engaña al público, sino que también presenta una serie de personajes que parecen atrapados por la necesidad de engañar o de ser engañados.
Se trata de un thriller extraño, irregular y en general intrigante sobre un joven cuya vida de fantasía está totalmente controlada por las imágenes de las películas.
Es probable que no estés familiarizado con este filme, pero su impacto en el cine independiente estadounidense es innegable. Al assistir al Park City Film Festival, Robert Redford se dio cuenta de las oportunidades que ofrecía el cine independiente de bajo presupuesto. Además, al ver la película, Richard Linklater, que residía en Austin, decidió da
Coscarelli realiza un excelente trabajo tras la cámara; el ritmo que imprime a la película y su enfoque son claves para mantenerla a flote, aunque le falta una mayor cohesión narrativa.
La película se destaca por su rica variedad de imágenes, fantasías y símbolos, además de su impresionante estética visual. Es una obra que demuestra un notable atrevimiento visual, a la vez seria y controlada. Sin duda, nunca has visto algo así antes.