Ya se había ganado mi corazón antes de su clímax, pero cuando éste llegó, supe que había descubierto una de esas obras que están entre la categoría de 'placer culpable' y la de 'tesoros ocultos'.
El mejor bufón mudo es Buster Keaton, no solo por lo que logró, sino por la manera en que lo hizo. Su filosofía se manifiesta claramente en su lenguaje corporal.
Murnau fue pionero en eliminar por completo los textos en pantalla. Su narrativa se construye a través de planos, ángulos, movimientos, expresiones faciales y símbolos visuales simples.
Decir que es una película de terror sería injusto para una obra que existe en otras categorías. Pero además de sus cualidades más profundas, es una película de terror y una de las mejores.
La historia en sí no importa mucho. Vamos a ver una película clásica del Oeste de John Wayne no para ver algo nuevo, sino para ver lo viejo hecho de nuevo, bien hecho.
Hoy por hoy parece más una obra de época que cine en sí mismo, pero captura a la perfección el tono y el aspecto de aquel momento específico en el tiempo.
Algunos episodios son efectivos, mientras que otros resultan menos logrados. No obstante, incluso los más decepcionantes poseen un encanto particular, así como frescura y accesibilidad.
Lo que realmente capta la atención del público no es el sexo ni la violencia, sino una representación de fantasía Pop Art que muestra a mujeres empoderadas, capturada con una energía vibrante.
Explicitaba y poetizaba el asombroso don que hace posible el cine de disponer lo que vemos, ordenarlo, imponerle un ritmo y un lenguaje, y trascenderlo.
Conquistó el tiempo y la gravedad con una libertad que sorprendió a los primeros espectadores. Verla hoy es quedarse asombrado con la audacia de su experimentación visual.