Anderson es similar a Dave Brubeck, a quien escucho en este momento. Conoce perfectamente todas las notas de la pieza original, pero la verdadera diversión y el ingenio radican en cómo juega con ellas.
La película es auténtica. Vive completamente en el momento, mostrando lo que sucede mientras sucede, sin extraer conclusiones, sin discursos y sin crear conflictos dramáticos artificiales. Simplemente retrata a las personas viviendo un instante tras otro, tal como debe ser.
La actuación de Bill Murray se destaca como una de las más sobresalientes del cine contemporáneo. Los personajes y sus acciones resultan completamente creíbles.
Este filme crea personajes memorables, aunque no les lleva por senderos no convencionales. A pesar de ello, tiene tantas cosas buenas que la película acierta en muchos momentos.
No es solo un ataque a la hipocresía. En un sentido más amplio, explora las debilidades humanas que nos llevan a crear narrativas sobre nosotros mismos, las cuales repetimos tanto que terminamos creyéndonos.
Una película que inicialmente parece cínica, pero que pronto se transforma en algo conmovedor. Resulta ser una verdadera delicia, especialmente en las escenas donde Cruise y Zellweger comparten la pantalla.