Es una bizarra obra maestra. No es una película que atraiga a todos, pero la violencia, al estilo de Peckinpah, se transforma en un verdadero ballet psíquico.
Presenta un reino con algunos de los personajes más memorables de las películas de Disney. Es una experiencia absorbente que captura la esencia de la magia Disney.
No alcanza el nivel más bajo posible. No se acerca ni a los estándares más bajos. Ni siquiera merece aparecer en la misma conversación que algo tan despreciable como barriles.
Bowie, esbelto y elegante, captura la esencia de este alienígena de manera tan efectiva que parece que fue creado específicamente para interpretar este papel.
El enfoque de esta obra se centra en el horror, pero no en el sentido superficial de sustos y efectos especiales que suele ofrecer Hollywood. Estos filmes logran ser verdaderamente aterradores a un nivel más profundo e intenso.
No hay un solo plano desperdiciado en la película de Wilder. La narrativa avanza sin perder tiempo en exposiciones innecesarias, lo que permite que conserve toda su fuerza a lo largo del filme.
Los personajes evolucionan con mucha sutileza. Sin embargo, el mensaje de Heinrich Boll no se integra del todo con la narrativa general de la película.
La película presenta elementos interesantes, pero estos no logran integrarse adecuadamente. Aunque cada aspecto es notable, en conjunto no contribuyen a un resultado satisfactorio.