La variedad en los estilos de animación y los personajes la convierten en una propuesta interesante. Es una serie que presenta historias y protagonistas de excelente calidad, aptos para contar con sus propios spin-offs.
Ha merecido la pena esperar 40 años. Aunque tiene algunos de los defectos de la original de Mel Brooks, gags que se alargan demasiado, sigue siendo fiel al tono y las ambiciones de la leyenda de la comedia.
Rápidamente abandona su intriga política a favor de los tópicos de thriller y el drama familiar, una transición que fracasa a causa de sus flojos personajes y un ritmo inconsistente.
La trama es excesivamente compleja, aunque brinda numerosas ocasiones para ser visualmente impresionante. Se producen tantos eventos que no se puede profundizar adecuadamente en ningún aspecto de la historia.
Aunque se presenta de una manera visualmente atractiva y destaca las sobresalientes actuaciones de Sebastian Stan, Julianne Moore y Brianna Middleton, la repetición excesiva de los mismos giros argumentales termina por despojar a la trama de su fuerza.
Avanza demasiado lentamente en los primeros episodios de la temporada 2, centrándose más en la atmósfera que en el desarrollo de los personajes o la trama.
Lo mejor de la televisión, que utiliza su presupuesto para crear un mundo magnífico y envolvente, pero sin dejar que lo espectacular le reste importancia a la complejidad de los personajes.