Alegra ver que el personaje Camila no está diseñado para ser un mero receptor apático, sino que hay en ella fuerza. Sigue siendo una obra que bebe de una fórmula, pero es más combativa, más auténtica.
Es, ante todo, una fantasía tan amplia en sus conflictos que transmite a la perfección la neurosis adolescente, esa sensación de que, a pesar de todo, nadie nos entiende.
Es reconfortante ver que, incluso cuando más tira de manual, Olivares tiene siempre un punto de rock and roll. Una comedia profunda para sentir el desierto sin chorradas.
Filme dirigido a un público de la tercera edad donde la falta de interés se ve reemplazada por una actitud condescendiente. Bruce Dern aporta un toque de sabor a este soso menú de residencia.
El cariño que los creadores tienen por estos personajes es la clave del éxito de una película cuyo corazón resulta tan sorprendente como revitalizante.
El enfoque feminista que presenta, así como sus lecciones de vida, se sienten excesivamente superficiales. Sin embargo, destaca la comedia de alto nivel en las intervenciones de secundarios como Paco Calavera y Salva Reina.
La poética de la narración de esta historia, presentada a través de una serie de videocartas, potencia lo personal y las experiencias, superando en relevancia a las demás ideas.
Tras un inicio prometedor, la película se extiende demasiado. La representación del conflicto racial comienza siendo original, pero acaba volviéndose abrumadora para el espectador cuando comienza a enfatizar en exceso.
Enseñar y divertir mediante gestos, miradas y caídas es una tarea que 'Terra Willy' logra con éxito. A pesar de su simplicidad, la película resulta trascendente y ofrece una aventura infantil que transmite su frescura de manera efectiva.
Su templanza al narrar, la emotividad de sus actores o su ironía la encumbran como esa clase de relato que necesitas en tu vida cada cierto tiempo. Sublime. Jamás el ciclismo fue tan divertido e inspirador.
No hay grandes sorpresas, pero la mirada profunda y reflexiva de Winnie the Pooh en Christopher Robin es justo lo que necesitas para salir de la sala con hambre de más y emocionado.
El guion parece un caos enmascarado como una conversación intelectual. Los autores optan por momentos de vergüenza ajena. A pesar de esto, las actuaciones y la ambientación sostienen un trabajo que se desvanece con rapidez.
La forma en la que se narran estos hechos se asemeja a la de cualquier biopic comercial de los últimos años. Se presenta una historia necesaria, pero se siente como una oportunidad desperdiciada.
Entretendrá a aquellos que entren en la historia al comienzo y sientan en sus carnes la tensión hasta el final, pero resultará tediosa para los que hubiesen preferido un decorado menos evidente.
Debería existir una película así por cada rincón del planeta. Si tuviésemos que elegir una película para explicar la luz de Cadaqués, el amor por la cocina o la obsesión por un ídolo, sería 'Esperando a Dalí'.
Personajes bien definidos y coherentes con el sentimiento de la sociedad de la época. Es precisamente este cuidado por el detalle el punto fuerte de la película, un gran trabajo visual y narrativo, una historia dulce.