La premisa resulta intrigante. Se presentan numerosas escenas de acción efectivas y algunos aciertos que mantienen el interés hasta el último acto, momento en el cual tanto el presupuesto como la calidad del guión parecen escasear.
Una de las peores cosas que tiene la película es el trabajo de los actores. Anne Heche y Thomas Jane, los dos protagonistas, están fuera de todo y fallan en absolutamente todas las escenas.
Si aceptamos su lado melodramático y el hecho de que su lógica interna la hace bastante predecible, 'La chica de Oslo' es una serie que se puede disfrutar en un solo fin de semana y resulta entretenida.
El primer episodio capta la atención de inmediato y promete mantener el interés. Aunque en los capítulos siguientes retiene esta energía, eventualmente se desvía hacia caminos menos convencionales, ofreciendo una experiencia distinta a la que se anticipaba inicialmente.
Sin un villano claro y con momentos de acción que logran poco, la película se desarrolla en una serie de situaciones sorprendentes que a menudo son previsibles y mal llevadas a cabo. Así transcurren los 105 minutos más interminables del año.
El núcleo de la película se centra en el show de Stand Up de Bert Kreischer. Aunque cuenta con algunos momentos entretenidos, su presencia limita el impacto general. Esta película representa una buena oportunidad para despedir a Kreischer.
Una buddy movie depende de la conexión entre sus personajes, y en este caso, esa química brilla por su ausencia. Saglio muestra que la dirección de películas de baja calidad no es exclusiva de un solo género de cineasta; también puede ser obra de mujeres.
La película aborda tensiones raciales y la lucha de clases, reflejando la dura realidad de la vida en el país. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del director por transmitir su mensaje, carece de un verdadero valor cinematográfico.
Es una de las pocas películas que se acerca a un público más adulto. Y aunque esto no dice nada por sí solo de la calidad de la película, al menos consigue diferenciarse de la mayoría.
No hay mucha profundidad ni demasiado humor, es simplemente lo que se ve a primera vista. Una comedia de una ligereza que la vuelve simpática y olvidable a la vez.
Con virtudes y defectos, 'La emperatriz' es el ejemplo perfecto de cómo hoy se cuentan esas historias, preocupándose más por el gran espectáculo que por la demagogia ideológica.
Un homenaje lleno de pasión, como siempre en la obra del director y actor británico. Y algunos momentos de absoluto placer para los admiradores de ambos.
Siempre se quedarán atrás en las comparaciones. El primer episodio presenta dificultades, pero una vez superado, la serie se convierte en un disfrute, generando risas gracias a una fórmula que ha demostrado su eficacia y que aún no muestra signos de desgaste.
Una slasher movie que comienza con fuerza, pero a medida que avanza revela su intento forzado de incluirse en la cultura woke. El resultado es decepcionante, finalizando de una manera triste y sin el cariño que el género merece.
Al final, se pierde por la escasez de ideas. Aunque su conexión con los personajes infantiles podría garantizar una secuela, recomendaría a quienes no han visto esta primera parte que salten directamente a la siguiente.
La paranoia y el pesimismo de Roman Polanski se integran perfectamente en esta historia, y aunque el guión presenta ciertas limitaciones, el universo creado por el director logra brillar.
La película cuenta con un elenco destacado y una trama interesante, sin embargo, la dirección no logra ofrecer un estilo visual atractivo ni una narrativa que mantenga el interés del espectador.
Las limitaciones técnicas de la película y la falta de creatividad en la dirección afectan de manera drástica, convirtiendo momentos que deberían ser aterradores en situaciones cómicas.