'Todo sobre mi madre' irradia tanto optimismo y calidez humana que su exitosa acogida no es inesperada. Sin embargo, resulta sorprendente que una obra de Almodóvar haya estado tan cerca de caer en la monotonía.
No es una película del todo perfecta, pero tiene momentos de emoción cruda y una claridad de ideas que no pueden ser expresadas a través de la comedia.
Nada ocurre por casualidad en una obra de Kieslowski. Establece un cruce en el que todos los personajes de la trilogía se encuentran y entrelazan sus destinos.
Se mantiene pura y tonificante, una mirada imborrable a la Italia de la posguerra. Gran parte de su fuerza viene del talento de De Sica para construir imágenes.
Reconocimiento por su capacidad de empatizar con los alemanes comunes después de la caída del fascismo, además de retratar las devastadas ruinas de Berlín antes de su posterior reconstrucción.
Kutcher y Peet forman una pareja con una conexión auténtica, aunque carecen del típico intercambio de palabras lleno de seducción que se encuentra en la mayoría de las comedias románticas.
Podría ser una metáfora sobre el comunismo, pero parece más como si Kazan quisiera tentar al público con un escenario de '¿y si...?' y avivar sus miedos en la mejor tradición del noir.
Una parodia debería, por lo menos, superar en comedia a la película original, pero 'Fifty Shades of Black' no logra ni siquiera hacer reír una o dos veces, lo que evidencia un nivel de humor muy por debajo de lo esperado.
Al mismo tiempo demasiado obvia e innecesariamente complicada, juega con varios capítulos no cronológicos basados en distintos personajes, asegurando que ninguno de los futuros cadáveres causen gran impresión.