Sin bien no muy innovadora en estas exploraciones de la ética secuestrada por el mundo de la ambición sin límites, 'War Dogs' consigue una narración vital y precisa, llena de soltura y sin pasos en falso.
Es una película que presenta tanto virtudes como defectos. Los recuerdos, casi como postales de un pintoresquismo particular, disminuyen el impacto del filme. Sin embargo, las resonancias telúricas de 'El renacido' logran resonar profundamente y generan expectativas más altas sobre el director mexicano.
'Val' no es una obra maestra. No alcanza la profundidad que a veces logra, pero no la explora completamente. Mantiene una forma de sobrevuelo y consigue momentos que conmueven.
A pesar de que no coincidimos con los méritos para la nominación que ha conseguido en el Oscar, y a pesar de la idealización a la que se presta, logra dar momentos de genuino frenesí y ternura para lo que, de otra forma, solo habría sido un juego de luces aún más impersonal.
Eggers logra conservar un registro realista e íntimo que juega con una dimensión fantástica, deslizando provocativamente elementos de sutil erotismo. Brillante.
Se trata de un filme tan inteligente como salvaje, recuperando la reflexión moral que define lo más destacado de una tradición cinematográfica que aún se niega a morir.
El problema es que no profundiza en la heterogeneidad de los tipos sociales o culturales que presenta. Eso sí, lo que estos siete magníficos pierden en densidad lo ganan en cierto poder de evocación: entre secuencia y secuencia, asoma un fino homenaje a la amistad heroica de tiempos ya idos.
Un filme gótico que se aleja del blanco y negro expresionista, presentando en su lugar un colorido tornasolado donde la melancolía y un desgarrado lirismo coexisten en perfecta armonía.
El único inconveniente que se puede señalar es la excesiva bondad y idealización del protagonista afroamericano, quien podría haber sido presentado con ciertas complejidades que lo hicieran más interesante. Sin embargo, con más aciertos que fallos, "Soul" es una película que vale la pena disfrutar.
Uno de los pocos filmes norteamericanos que se han acercado a América Latina con algo de respeto y, sobre todo, con una empatía cultural y estética digna de admiración. Divertida y refinada a la vez, por momentos conmovedora.
El problema del filme es que todo parece haber ido mal. Como una mala imitación, sin todas las virtudes que tenía la película de Reitman: la frescura, los diálogos o el uso de los efectos especiales al servicio de las situaciones y de la creatividad que estas suponían.