La potencia de las imágenes, la hondura temática del universo creado y las apariciones fulgurantes de un horror inesperado hacen de 'Alien: Covenant' una experiencia fascinante que hace esperar un nuevo capítulo de la saga.
Se trata de un filme que saca el mayor provecho de sus pocos medios, para llevar una simple anécdota a ese punto de angustia y fantasía que hacen del cine una experiencia a la vez real y surrealista, como hubiera querido Hitchcock.
Los problemas de la película son evidentes y se relacionan con la falta de desarrollo de su contenido dramático. En este aspecto, resulta ser menos audaz que 'El cisne negro' o 'Suspiria'.
No solo hace gala de una rigurosa observación en el perfecto equilibrio de cercanía y distancia; tiene, por último, una poesía agreste que saca provecho de la geografía marginal del paisaje norteamericano.
A veces evoca clásicos del género, pero lo hace de manera tímida y sin alcanzar una personalidad propia. Hood opta por crear un filme de tesis, en el que se enfatizan continuamente las justificaciones de la pulcra conciencia moral de su heroína.
Eastwood protagoniza y dirige con la solidez y tranquilidad de una roca. Como los maestros que no necesitan demostrar nada, y cuando casi todo ha sido dicho en su larga carrera.
Lowery encuentra su poética y su estilo en la traición de los esquemas del género. Donde debería haber tensión por un nuevo atraco, solo hay esa paz que Tucker transmite a través de un juego de miradas que termina por ser irónico.
Prueba que ni siquiera uno de los géneros más nobles, dentro de la tradición de Hollywood, puede detener la impericia de lo que hace una productora mediocre.
Sin bien no muy innovadora en estas exploraciones de la ética secuestrada por el mundo de la ambición sin límites, 'War Dogs' consigue una narración vital y precisa, llena de soltura y sin pasos en falso.
Es una película que presenta tanto virtudes como defectos. Los recuerdos, casi como postales de un pintoresquismo particular, disminuyen el impacto del filme. Sin embargo, las resonancias telúricas de 'El renacido' logran resonar profundamente y generan expectativas más altas sobre el director mexicano.
'Val' no es una obra maestra. No alcanza la profundidad que a veces logra, pero no la explora completamente. Mantiene una forma de sobrevuelo y consigue momentos que conmueven.
A pesar de que no coincidimos con los méritos para la nominación que ha conseguido en el Oscar, y a pesar de la idealización a la que se presta, logra dar momentos de genuino frenesí y ternura para lo que, de otra forma, solo habría sido un juego de luces aún más impersonal.