Quale sabe exprimir la expresividad de barraca de feria de las tres dimensiones y saca lo mejor de su saber artesano en la secuencia inicial y en dos escenas: la del entrenamiento gimnástico y la de la operación antimiopía, que demuestran un hilarante sentido de lo macabro.
Carece del sentido del humor necesario para que sus delirios sean tomados en serio. Si le añadimos que los ataques subacuáticos son anticlimáticos, y que las víctimas potenciales nos importan un comino, tendremos una película completamente inútil.
Misticismo para quienes recién comienzan. Es lamentable y se torna tediosa en extremo; parece más una repetición de 'La historia interminable' que una aventura épica como 'El señor de los anillos'.
Black logra convertir en rutinaria la estimulante premisa del texto original. La mecánica de los gags es chusca y previsible; las tres dimensiones son innecesarias y el pretexto romántico resulta lamentable. Aporta una sensación de incomodidad y vergüenza ajena.
Up encuentra el camino más corto para llegar desde la poética de Julio Verne hasta el lirismo surrealista de la pintura de René Magritte. Pasa, por supuesto, por el cine de Hayao Miyazaki y Charles Chaplin.
En el aspecto teórico, “Ellas hablan” es impecable; sin embargo, el inconveniente radica en su ejecución, que recuerda a una antigua película de tesis, donde cada personaje simboliza algo específico y la información se expresa de manera excesivamente enfatizada.
Oportuna y oportunista, Fennell presenta una disparidad tonal que resulta más incoherente que desconcertante. La película finalmente se desliza hacia un abismo de moralismo que pretende ser edificante.
En lo que va de festival [Berlín 2015], esta es la película más desagradable, perturbadora, terrorífica y hostil. Es preferible no revelar los eventos y destacar el coraje de Larraín por incomodar, hurgar en lo más profundo y desafiar al espectador.
Hay que agradecerle a Fincher que no haya puesto el piloto automático. Su adaptación pule la tendencia al 'torture porn' del original de Niels Arden Oplev, matiza su insistencia en sacar los esqueletos en el armario sueco para universalizar las denuncias del relato.
Al margen de sus buenas intenciones, la película brilla cuando se desmelena. Destaca el personaje de Lisbeth Salander, mientras que la primera hora resulta más floja.
Reeves ha mantenido fielmente el tono de la destacada película de Alfredson, hasta el punto de que es necesario esforzarse para notar la importancia de los cambios en este remake. Sin embargo, ambas versiones se complementan entre sí.