Los principales placeres de este fiasco de modales suaves residen en ver a dos actores cómicos con recursos pasar por sus pasos como los profesionales que son.
La dirección de Woodley en esta road movie oscila entre la seriedad y lo absurdo. Si bien el inicio es cautivador, la película pierde fuerza cuando los protagonistas hacen una parada en Nashville.
Una película de acción que, a pesar de contar con una coreografía cuidada, resulta convencional y carece de profundidad, pareciendo más bien un intento fallido de presentar una narrativa malvada debido a su falta de sensatez y coherencia.
Tendrías que rebuscar mucho para encontrar unos amantes cinematográficos con menos química romántica que Pierce Brosnan y Salma Hayek. Un travieso atraco de joyas tan recauchutado que parece una versión de una versión.
Cuando Bob Rafelson opta por ser provocador, lo hace con firmeza. A pesar de ciertos altibajos, la película tiene tanta coherencia como 'The Big Sleep'.
Las largas secuencias de acción carecen de la intensidad necesaria, ya que están tan estilizadas y editadas que su efecto visceral se pierde por completo.
Relata la historia de forma muy económica. El tono perfectamente controlado de las actuaciones es de farsa apagada con un ligero matiz subterráneo agridulce.
Es demasiado difusa como para tener sentido a modo de sátira política. Aunque algunos de sus aspectos son muy interesantes, ninguno logra tener continuidad.
Pese a que la franquicia se ha quedado ya sin gasolina, el final deja abierta la puerta a un regreso de Myers. De verdad, creo que ya ha llegado el momento de que se quite la máscara de una vez por todas.
En un futuro Los Ángeles, un grupo de talentosos jóvenes navega por la ciudad en scooters voladores. Su inquebrantable alegría los hace parecer casi artificiales, contrastando con la amenaza del loco salvador cibernético que busca acabar con ellos.